ENLACES DE LA CABECERA
jueves, 12 de septiembre de 2024
miércoles, 4 de septiembre de 2024
HOMILÍAS - LAPA (Por Pedro G. Trapillo)
Homilías-lapa
Barbón, presidente del Principau, ha dicho que el domingo no piensa ir a la misa a Covandonga en el Día de Asturias, el de la Santina, patrona tan sacrosanta para el asturiano, que a quien la toca le maldicen con infierno y anatema, ¡maldito!, como lo fue Camilo José Céla por decirle a Juan Cueto en una entrevista «¿que la Virgen de Covadonga ye pequeñina y galana?, pues que se joda». ¡Uy lo que ha dicho! Fue enorme herida y una reguerada de sangre y bilis se hizo bocas sentenciando a CJC a las tinieblas exteriores. Y dice Barbón que no irá a Covadonga por discrepar de las homilías que allí viene soltando su arzobispo Jesús Sanz, apellido que se brinda también a llamarle cantante, nada impropio en un monseñor de trabuco traviata. Y añade Adriana Lastra (andá, ¿qué fue de ella?; delegada del Gobierno es allí) que el discurso de Sanz es «profundamente político y ultraderechista» y que se aprovecha de la homilía en la Santina para marcarse un tercio de varas que le apriete a la izquierda los esfínteres. Bien podrían llamarlas homilías-lapa.
Y es que en estas misas solemnes de obligada asistencia institucional (no pocos ni pisan la iglesia) hay quien dice ¡tate! y no se priva de sacar cartilla o catecismo blandiendo látigo. A la memoria me viene otra homilía, la del dominico Félix del Cura al que, como orador encendido de la Orden de Predicadores, encargaron hace 24 años predicar la novena a la Virgen de los Ojos Grandes, patrona de Lugo. En la solemne misa final, presente toda autoridad política, sindical, militar y religiosa, no se cortó un pelo al asegurar que entre la inmigración venía un plan quintacolumnista: la islamización de España. Protestas y condenas fueron tales, que el fraile convocó una rueda de prensa al día siguiente, allí se quitó el hábito, lo metió en su maleta y habló en paisano: saldré de Lugo sacudiéndome el polvo de las sandalias, las sacudiré. Curioso, si volviera a repetir su homilía hoy, ¿no habría aplausos en algún banco o tendido?... y hasta los de Vox se aprestarían a sacarle a hombros de aquella catedral... ¡tó-ré-ró, tó-ré-ró!...
martes, 3 de septiembre de 2024
martes, 6 de agosto de 2024
EL RUIDO DE LOS HOMBRES ME ES AJENO (Paul Claudel) Por Luis Carrizo
EL RUIDO DE LOS HOMBRES ME ES AJENO (Paul Claudel)
Antes de nada, amigo lector, por si te dispusieras a leer esta breve noticia desde el metaverso, desde la nube o desde algún lugar ignoto de la constelación Orión, en un futuro ya lejano al tiempo en que fue tomada la fotografía que estas viendo, debo aclararte que el personaje que aparece en el centro, de pie, solo, pensativo y casi mimetizado con la gran vidriera que tiene a su espalda, se llama Baldomero, aunque sus amigos y admiradores, valga la redundancia, siempre le hemos llamado Baldo a secas.
Debo añadir también, para ubicarte y para que puedas comprender y compartir conmigo mi extrañeza y mi curiosidad, que la fotografía capta el final de una misa que acaba de celebrarse en el Santuario de la Virgen del Camino con ocasión de un encuentro de Antiguos Alumnos Dominicos. Se les puede aún descubrir en animada conversación por los pasillos de la iglesia. Baldo, desde el coro, donde él aún permanece, ha estado dirigiendo a un nutrido número de compañeros para dar realce a la celebración, rememorando, ellos con sus cantos (el que tuvo retuvo), sus inolvidables años en la escolanía del colegio, y nuestro protagonista, además, los que sumó de director.
Si yo pudiese presumir de unos mínimos conocimientos de pintura, quizá me hubiera aventurado a comentar los tres planos perfectamente delimitados de esta gran foto panorámica con vocación de mural, estableciendo sugerentes comparaciones entre ellos, señalando sus coincidencias y sus discordancias, y proponiendo osadas interpretaciones, al modo con que los verdaderos expertos nos hacen reparar en las distintos niveles expresivos y en las diferencias e interrelaciones entre los personajes que aparecen en el Juicio Final de Miguel Ángel o en El jardín de las Delicias del Bosco, por poner un ejemplo.
En cualquier caso, y sin necesidad de escudarme en mis limitadas aptitudes como crítico de arte para no comentar la foto bajo esa perspectiva, lo que verdaderamente me llamó la atención, lo que desde el primer momento atrajo mi mirada a pesar de que apenas destaca en la penumbra en que se encuentra, fue la imagen de ese Baldo solo, como un pastor al que contra toda razón hubiesen abandonado sus ovejas; y, sobre todo, pensativo, absorto, ensimismado diría yo. ¿Cuál puede ser el objeto de sus profundas cogitaciones? ¿En qué estará pensando?, me pregunto intrigado. Ciertamente, no piensa en el príncipe de Golconda o de China, exótica, viril y melodiosa ensoñación, que sí podría convenirle al renacentista músico y poeta Vibot, que también aparece en la fotografía al teclado de su clave sonoro, pero jamás a Baldo.
Yo, en un primer momento, y habida cuenta de su conocida afición a las especulaciones filosófico-teológicas, supuse que podría estar considerando los fútiles afanes que mueven a los que pululamos por el plano inferior, o, tal vez, buscando el argumento definitivo con que rebatir a alguno de esos obispos o teólogos ultramontanos a los que suele repartir estopa en plan defensa central de la verdad. Un poco como el Aquinate –su maestro tras Eladio Chávarri–, cuando ensimismado y ausente, aunque se hallara a la mesa del mismísimo rey de Francia, se ocupaba más en encontrar entimemas y epiqueremas para argüir en contra de los maniqueos que en disfrutar de las friandises que tendría en el plato.
Pero como en realidad es difícil discernir si a fin de cuentas Baldo está pensando o recordando, que todo podría ser, me planteé también la posibilidad de que estuviera simplemente enfrascado en sus recuerdos. Los reencuentros de Antiguos Alumnos son muy propicios para avivarlos; constituyen, de hecho, su principal razón de ser, aunque ni mi escasa perspicacia ni lo inexpresivo del semblante de nuestro protagonista me permitan, tampoco aquí, intuir qué tipo de faustos o infaustos episodios de su ya larga vida puede estar examinando, en posición de firmes, como un general en trance de pasarse revista a sí mismo, a sus medallas y a sus cicatrices. A mi me gustaría que en sus memorias se dignase dedicar un capitulillo a sus cavilaciones de este día.
La opción de que estuviera rezando, que parece muy propia para el lugar y también muy verosímil, la descarté enseguida porque tengo poderosas razones para creer que Baldo hace ya mucho tiempo que se decantó por el “Labora” en detrimento del “Ora”, y que del refrán a Dios rogando y con el mazo dando le sobra, en consecuencia, la primera parte, pues ya solo se dedica a dar. Y no precisamente consejos, que sería lo fácil, sino leña, a los hipócritas y a los falsos profetas –ya se dijo–, y pan a los pobres. Sobre todo esto último. Si por él fuera, las misas deberían convertirse en banquetes de hermandad donde el pan y el vino fuesen acompañados, de los correspondientes entremeses, primer y segundo plato y, a ser posible, postre y cafelito. Esto lo tiene él muy argumentado en uno de sus libros.
Quiero, para terminar, señalarte con todo ello, paciente lector, que, al final, salvo que en efecto se decida a escribir sus memorias, tendremos que aguantarnos las ganas de saber qué es lo que aquel día bullía en la cabeza de Baldo, pues en sana doctrina, mientras no nos metan uno de esos chips en el bulbo raquideo, solo a Dios le está reservado conocer tales recónditos rincones. Así, al menos, rezaba el catecismo que a los siete años aprendió de carrerilla en su Villaquejida natal.
—Responde, niño: ¿Dios lo ve todo?
—¡Sí!, Dios lo ve todooo. Lo pasado, lo presente y lo futuro, y hasta los máaas ocultos pensamieentooos.
Lo que a mí me tranquiliza, aun sin haber sido capaz de penetrar sus secretos, es saber que mi querido y admirado amigo tiene muy poco que ocultar. Eso se le nota, entre otras cosas, en su risa infantil. De él puedes pensar bien con la seguridad de que siempre acertarás.
***
Juli, su mujer, aparece también en la escena. No podía estar lejos de su querido Baldo. Se la distingue claramente (lleva una chaqueta azul) dirigiéndose a las escaleras que conducen al coro, con el propósito indudable de ir a buscarlo. Juli es paciente y estoy seguro de que le disculpa sin esfuerzo alguno esos ocasionales raptos. En el fondo –puede pensar– hay mujeres que a sus maridos perdidos no los hallan en el templo, sino por los bares. Y, a veces, en sitios mucho peores.
Alicante, 23 de julio de 2024
lunes, 29 de julio de 2024
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