La torre tiene tres campanas. Coello podía haberlas hecho para ser golpeadas con martillo, pero le gustaba más el sistema de volteo. La campana más gruesa pesa 1.400 kilos y cuando voltea emite la nota fa. La del medio pesa 1.200 kilos y está afinada en la. La más ligera suena en re y pesa una tonelada. Nos lo hizo notar Ezequiel Martín, otro peregrino musicólogo que paso por allí y traía consigo un diapasón. «Tienen que estar afinadas a propósito» —nos dijo—. «El acorde fa-la-re es perfecto para un lugar como este»
.Para encofrar la torre, Coello pensaba colocar andamios, pero el encargado de la obra le pidió que le dejara hacerlo a su manera. El arquitecto accedió, aunque con el alma en vilo. Se encofró la torre desde abajo hacia arriba en tochos de metro y medio y dos metros. Las líneas iban en disminución a medida que se elevaba. «¿Saldrá derecho?»—preguntaba el arquitecto muerto de miedo. «Saldrá». «Me extraña tanto...» «Saldrá como tiene que salir, no se preocupe y crea usted en los milagros».