domingo, 28 de junio de 2026

martes, 16 de junio de 2026

LLÁMALE CURRO ( Por Pedro G. Trapiello)

DIARIO DE LEÓN 13 JUNIO 20026 - CORNADA DE LOBO


Si uno se llama Francisco de Paula Coello de Portugal y Acuña Goicorrotea y Gómez de La Torre naciendo en un cortijo solariego de Jaén, pero prefiere que le llamen Curro, no estamos ante alguien de vulgar abolengo señoritingo, sino ante uno que horizontaliza su altura o su grandeza poniendo pie en tierra y la vista en el más acá que, en su caso, lo convierte en un más allá. Si además es un joven alto, atractivo y arquitecto (de esos que a las casaderas, nada más verlos, les entra un suspiro por los bajos para hacerse un nido en los altos), pero renuncia a su carrera, a su novia de cuatro años, a sus fiestas y se hace fraile, entonces estamos ante un loco. Es el caso. Un loco con genio creador que doma su locura convirtiéndola en luz, forma y pasión.




Estamos en el centenario de su naciminto. Murió hace trece, pero no hay modo de impedir que cada uno de los muros que levantó siga gritando ¡Curro!, ¡fray Coello de Portugal!, como lo harán algunos siglos porque fue arquitecto de monumentalidad resistente y singular. Trescientos proyectos firmó en su carrera sin dejar de ser fraile. Y el privilegio que le cabe a León es ser aquí donde inició su innumerable rastro de modernidad en monasterios, templos, colegios y hasta la mismísima catedral de Taipei, Taiwan, obra presente en tantos países. Siendo novicio en Palencia y aparcada su carrera, su maestro le obligó a retomar el lápiz y, ante lo confundido que andaba el arquitecto al que la orden había encargado el colegio apostólico de La Virgen del Camino, lo acabó retomando él y solucionándolo con alarde, funcionalidad y un aire a lo Fisac, arquitecto de vanguardia influyente entonces. Resuelto el reto, Pablo Díez, el mecenas de esta obra, se empeñó en que fuera él quien proyectara el nuevo santuario que implicaba derribar el viejo... y ahí está esa genialidad rompedora y atrevida que deja asombrado a cualquiera, insensato vanguardismo que hizo entrar en León la modernidad que nos situó en la envidia ajena. Así que oblíguese León a un ¡gracias, fray Coello!, ¡gracias, Curro!, porque si no merecíamos en el XIII una Catedral, quizá tampoco este santuario en el XX.

lunes, 15 de junio de 2026

CON NUESTRO COMPAÑERO FÉLIX

 Cantando con nuestro compañero Félix el AVE VERUM de Mozart en la misa del corpus en la Catedral de León. 



sábado, 13 de junio de 2026

QUIQUE MUÑIZ VIVE JUNTO AL SANTUARIO

 


Este privilegio  de estar cerca, y de ENTRAR casi a diario, está significando mucho en mi atardecer.

Os lo transmito y comparto.

Quique 

JULIO CORREAS VISITA EL SANTUARIO

 



El dandi que se hizo fraile: la desconocida historia de uno de los arquitectos españoles más prolíficos del siglo XX (EL PAIS)


La huella de Fray Coello de Portugal sigue presente en medio mundo en forma de colegios, iglesias, residencias o conventos. Recuperamos su gran legado construido (aunque también derribado) en el centenario de su nacimiento

Fray Coello de Portugal en las obras del Convento de la Encarnación en Leioa (Vizcaya, 1975).


EDUARDO MEDIERO -EL PAIS-

04 JUN 2026 - 


En uno de mis viajes en coche a Asturias, en los que el trayecto acaba volviéndose automático, me desvío a las afueras de la ciudad de León para repostar. Es un paisaje reconocible: un aeropuerto levantado en tiempos de optimismo, gasolineras y naves industriales sin carácter. A lo lejos, un cartel anuncia mi llegada a una pequeña población: La Virgen del Camino. Un nombre apropiado para la parada de un viajero, pienso.


Al llegar no me topo con una estación de servicio sino con un edificio que me obliga a detenerme. Una caja blanca, precisa, acompañada por un campanile tan alto y esbelto que desaparece en el cielo encapotado. Unas figuras de bronce alargadas y casi informes escoltan una fachada que descubre en su interior un espacio tan claro y bello que uno olvida estar en la periferia castellana. Sin saberlo, acabo de entrar en la ópera prima de un arquitecto que, a partir de ese momento, va a poner mi vida patas arriba: Francisco Coello de Portugal.


Retrato de Fray Coello de Portugal cedido por su familia.


La historia de este interesante personaje es difícil de simplificar. Coello no responde a ningún perfil evidente. Nacido en Jaén en el año 1926, procede de una familia acomodada. Educado, muy atractivo, con una presencia que quienes lo conocieron recuerdan como magnética, tenía, en términos de su tiempo, todo lo que se esperaba de un joven de su posición. Y, sin embargo, al terminar la carrera de Arquitectura lo deja todo para hacerse sacerdote. Su entorno no lo entiende. El arquitecto Javier Carvajal, amigo y compañero de promoción, recordaría años después el desconcierto que provocó su decisión: “Aquello nos cogió por sorpresa… Curro pasó a ser para siempre Fray Coello de Portugal”. Convencido de que la entrada en el seminario era el fin de su carrera como arquitecto, el joven novicio se sumió en una vida de contemplación y estudio. Pero la arquitectura no tardó en encontrarle de nuevo: al año de ingresar, el padre provincial le pidió ayuda en el diseño de un proyecto a las afueras de León: el conjunto de la Virgen del Camino.


Colegio Nuestra Señora de La Paz en Torrelavega (1968). 


Este proyecto, inaugurado en 1958, no solo fue su primera obra, sino una de las más aclamadas por su capacidad de aunar una arquitectura exquisita con colaboraciones artísticas del más alto nivel: aquellas estiradas esculturas de bronce en la fachada son obra de Josep María Subirachs, autor de otras esculturas en otra fachada estelar, la de la Sagrada Familia. En aquel momento comenzó una carrera tan atípica como extensa. Porque Coello de Portugal construyó mucho. Muchísimo. Si algo lo define no es solo la singularidad de su biografía, sino la dimensión de su obra —la gran mayoría todavía en perfecto estado de conservación—, desde la Iglesia de Nuestra Señora del Valle en la sierra madrileña hasta el colegio de Nuestra Señora de la Paz en Torrelavega, por mencionar solo algunos de sus ejemplos más notables de los años sesenta. Pero el trabajo de Coello de Portugal no se limitó a nuestras fronteras: levantó la Catedral de Taipéi en Taiwán, construyó en Angola una interesantísima parroquia realizada con farolas recicladas y desarrolló proyectos en países como Venezuela o Corea, desplegando una arquitectura capaz de adaptarse con naturalidad a contextos sociales, económicos y culturales completamente distintos. Estamos, sin lugar a dudas, ante el arquitecto más prolífico e internacional de nuestra historia reciente.


Imágenes del Monasterio de Santa Inés de las Madres Dominicas (Zaragoza, 1964), demolido en 2022. 


Durante las siguientes décadas desarrolló una arquitectura que, lejos de ser neutra, era profundamente innovadora: un renovado equilibrio entre construcción humilde, forma y uso. “Creo que soy un arquitecto intuitivo… al ver las necesidades que se me piden me imagino y casi veo realizada la solución más acertada”, explicó en una conferencia en su madurez. La enorme cantidad de encargos a los que hizo frente le llevó a desarrollar una obra basada en estrategias que repetía con acierto en los más diversos lugares: complejas cubiertas alabeadas de hormigón resolvían a menudo las iglesias o espacios de oración, mientras que radicales edificios racionalistas encajaban las aulas, habitaciones o despachos. Bilbo García-Conde, arquitecto y sobrinonieto de Fray Coello, recuerda que esa manera de trabajar tenía también una base muy práctica. “Tenía sus fórmulas y le funcionaban”, dice. Era una arquitectura inequívocamente bella, pero sobre todo con un alto grado de responsabilidad: la de ser útil a las personas, algo que García-Conde aprendió durante los años que trabajó junto al dominico.

Iglesia de Nuestra Señora del Valle en Becerril de la Sierra (Madrid, 1968). 


En un momento como el actual, en el que políticos y asociaciones juveniles hacen gala de un cristianismo más preocupado por la forma que por el contenido, puede extrañar que una arquitectura tan innovadora se realizase dentro de un marco religioso. Aquí es importante recordar la relación de la orden dominica con el arte y la arquitectura: desde Fra Angelico hasta el padre Couturier, que convenció a Le Corbusier para construir una de sus obras más importantes, la capilla de Ronchamp (1955). Pero sobre todo hay que destacar que el trabajo de Fray Coello de Portugal surge durante un momento clave para la modernización de la Iglesia católica, el Concilio Vaticano II (1962-65). Fue entonces cuando se comenzó a experimentar con nuevas tipologías arquitectónicas, a cuestionarse las plantas tradicionales y a incorporar artistas contemporáneos a los proyectos. Se redefinió, en definitiva, la relación entre liturgia y espacio. Pero Coello no fue el único que participó de estos aires de aperturismo. Figuras como García de Paredes, Fisac o de la Sota, por nombrar tres, sembraron España de parroquias de barrio y conventos tan espectaculares como cercanos, con materiales y sistemas constructivos atípicos para un espacio religioso: la piedra se sustituyó por el hormigón, la madera por el acero, y las realistas esculturas de cristos y santos por abstracciones plásticas que siguen resultando rompedoras. 


Santuario La Virgen del Camino, Valverde de La Virgen (León, 1958).


Organismos independientes como el Observatorio de Arquitectura Religiosa Contemporánea, dirigido por el arquitecto y escritor Esteban Fernández Cobián, promueven la difusión de la arquitectura sacra. Pero a pesar de la calidad y cantidad de su obra, el nombre de Francisco Coello de Portugal suena mucho menos en las aulas que el de muchos de sus coetáneos. Te puede ocurrir que hayas pasado frente a sus edificios sin saberlo, o que hayas asistido a clase en un colegio dibujado por él. Esa es la paradoja: una obra extensa y presente pero un autoría sumida casi en el anonimato. “Son mis obras las que hablan por mí”, repetía en las pocas entrevistas que concedía. Al fraile no le interesó cultivar su imagen pública, no se preocupó por difundir su trabajo y tampoco se molestó en construir un relato teórico sobre su obra. Nunca se dio importancia, hasta tal punto que cuando le propusieron ser miembro de la Real Academia de Doctores su respuesta al presidente fue tajante: “Juan, te equivocas de persona”. La arquitecta e investigadora Miriam Ruiz-Iñigo, autora de una tesis doctoral sobre su figura, añade: “Cuando se hacen exposiciones sobre arquitectura de los años sesenta, Fray Coello de Portugal siempre aparece, pero a nivel de investigación o de difusión general no está suficientemente explorado”. (Para solventar parte de esta afrenta histórica otro de los sobrinos nietos del arquitecto, el realizador Frodo García-Conde, prepara un documental sobre su figura por el centenario de su nacimiento).


Hay una dimensión en el trabajo de Francisco Coello de Portugal que resulta especialmente relevante hoy, cuando la profesión vuelve a enfrentarse a la escasez de medios. Su arquitectura se desarrolló en la posguerra. Había necesidad, no eran tiempos para el gesto gratuito y menos para la espectacularidad vacía. Fernández Cobián, que es también autor de la monografía más completa sobre la obra del dominico, afirma en ella que “Coello solía incidir más en la buena construcción que en la forma. Mínimo esfuerzo para un máximo resultado, rapidez y contención expresiva: pero, sobre todo, economía extrema […]. Esa economía llevada al límite tiene un nombre: pobreza”. Sus edificios recuerdan que es posible hacer mucho con poco, que la calidad no depende necesariamente del presupuesto y que la atención al usuario debe ser el motor del proyecto. 


Colegio Stella Maris, Madrid (1964).


Quizá por eso su figura empieza, tímidamente, a reaparecer. Y plantea una pregunta incómoda: qué otros nombres, obras e historias estamos dejando fuera. “Solo defiendes lo que conoces”, incide Ruiz-Iñigo, señalando un problema que va más allá del dominico. La arquitectura de los años sesenta en adelante sigue siendo frágil, vulnerable y a menudo incomprendida. Demasiado vieja para resistir nuestra obsesión por la novedad, pero demasiado reciente para ser considerada patrimonio, lo que se traduce en falta de protección: prueba de ello es el derribo en el año 2022 del monasterio de Santa Inés en Zaragoza, inaugurado en 1964 y una de las obras más alabadas de Coello de Portugal.


En ese contexto, volver a mirar a este arquitecto no es solo un ejercicio de justicia, sino una forma de replantear nuestras propias prioridades. Porque en su aparente contradicción —un dandi que se hace fraile, un fraile que se hace arquitecto, un arquitecto que se hace anónimo— hay algo que sigue resistiéndose a ser explicado del todo. Y quizá ahí reside, precisamente, su legado. 


Retrato cedido por la familia de Fray Coello de Portugal. Imágenes de obra: © Fundación Alejandro de La Sota y MITMA. Agradecimientos: Fray Antonio Praena, OP, y Dominicos España.

viernes, 29 de mayo de 2026

VALDÉS ENCUENTRA LA VOLAORA!!! (Por Manolo Díaz)

El misterio de la «Volaora»: Capitulación honrosa ante el periodismo de investigación


Queridos compañeros, mi querido Furri Josemari, y, sobre todo, admirado Lalo «el Grande»:


Me dirijo a esta docta y eminente asamblea de MISQUERIDOSAPOSTÓLICOS para poner fin, de manera oficial, a la que sin duda ha sido la controversia historiográfica, mecánica y ¿teológica? más intensa desde que se colocó la primera piedra del Santuario, allá, a finales de los 50.


Hablamos de “LA VOLAORA». Hablamos de esa silueta mítica que recortaba su figura ante el cemento en construcción y que desató una tormenta de archivos, recuerdos y desmentidos.


Yo sostuve, con una fe que ya habrían querido para sí algunos teólogos medievales, que aquella montura era una Derbi 69(un número redondo, cabalístico y lleno de simetría). Añadí a la hagiografía del vehículo que pertenecía a Pachu el Facendusu, aquel insigne natural de Casorvía, la Gran Aldeona,  y capataz de los albañiles, quien utilizaba la potencia de sus dos tiempos para transportar desde el concejo lenense cargamentos de chorizos afumaos. Aquellos embutidos, como todos sabéis, no eran mero alimento: eran el auténtico "combustible vitalizante" y el secreto oculto detrás de la rapidez con la que se levantaron los muros del Santuario.


Sin embargo, la prensa libre y el rigor de la investigación periodística, se cruzaron en mi camino. Nuestro insigne periodista, Lalo el Grande, haciendo honor a su oficio y exhibiendo una ética profesional que ya querrían para sí los enviados especiales del The New York Times, me refutó con saña gráfica. Aportó fotos, diagramas, peritajes visuales y sentenció: «ES UNA GUZZI».


Lejos de amedrentarme, y viendo que otros compañeros se sumaban al linchamiento de mi tesis derbiana apoyando a Lalo, decidí quemar las naves. Apelé a la diplomacia del archivo e "iluminé" (quizás me acusen de falsificar con primor monacal) un documento definitivo. Un acta irrefutable donde constaba que el mismísimo 30 de febrero de 1958, Pachu le había comprado la Derbi a Don Víctor, el párroco de la vecina localidad de Vega del Ciego. Un documento perfecto... salvo por el sutil detalle de que febrero decidió no tener treinta días aquel año, ni ningún otro desde la reforma de Julio César.


Pues bien, la verdad, esa que nos enseñaban a buscar incansablemente en las aulas dominicanas, ha terminado por salir a la luz de la forma más insospechada. Nuestro infatigable compañero Valdés ha realizado el hallazgo arqueológico del siglo. Ha encontrado los restos de “LA VOLAORA». Escondida, vieja, cansada y completamente devorada por el óxido del tiempo. Por fin, el argumento TUMBATIVO con el que yo soñaba.


Pero mi gozo en un pozo. Para mi absoluta y pública vergüenza... es una Guzzi.

Efectivamente, Lalo tenía razón. Su mirada de lince periodístico no erraba. La «Volaora» nunca rugió con pistón catalán, sino con el genuino latido de Mandello del Lario adaptado a las carreteras españolas. Ante la evidencia del chasis y la honestidad brutal de los hechos, no me queda más que capitular, pedir disculpas a Lalo el Grande y rendirme ante su intachable deontología informativa. Eres un gigante de la crónica, amigo.


Ahora bien, un apostólico de la Paramera nunca deja un cabo suelto ni un documento eclesiástico desamparado. ¿Cómo queda el acta de compraventa de Don Víctor, el párroco de La Vega’l Ciegu? ¿Hemos de quemarlo por apócrifo? ¡En absoluto! La teología y la escolástica nos ofrecen la salida perfecta.

Tras un profundo análisis del texto, hemos descubierto la verdad mística detrás de ese papel. El documento es estrictamente auténtico, pero lo que se transó aquel milagroso 30 de febrero no fue la moto de la foto. La historia real fue la siguiente:

Don Víctor, hombre de iglesia y de orden, efectivamente le vendió una Derbi a Pachu el Facendusu para el transporte urgente de los chorizos lenenses. Pero Pachu, astuto como él solo, comprendió que una Derbi de la época no tenía el par de coj., perdón, digo el par motor necesario para subir los puertos cargada hasta los topes de embutido y con el viento leonés en contra. Por ello, esa misma noche, en un pacto secreto que explica el misterio, Pachu le cambió la Derbi a Dimas el de Xomeza por la Guzzi (la auténtica «Volaora»), que es la que finalmente aparcó frente al Santuario en el 59 y la que Valdés ha desenterrado.


El documento del párroco de Vega del Ciego queda, por lo tanto, salvado para la posteridad como el acta fundacional del "Tratado del Intercambio Motociclista-Choricero". La Guzzi existió, la Derbi existió en el limbo del 30 de febrero, y los chorizos, gracias a Dios, llegaron a su destino para dar fuerzas a los albañiles.


Lalo, querido amigo, tu honor queda intacto y tu victoria es incontestable. La «Volaora» era una Guzzi. Sirva esta extensa crónica como desagravio, como aplauso a tu pluma y como abrazo fraterno para ti, para Valdés el descubridor, para Josemari nuestro infatigable Furri, y para toda esta maravillosa cuadrilla que, más de sesenta años después, sigue sabiendo cómo reírse con la misma limpieza que cuando estrenábamos pantalones largos en León.


¡Un brindis por la «Volaora», sea de la marca que sea!


PD.- Envío foto actual de la GUZZI a nuestro Furri.




 

jueves, 28 de mayo de 2026

LA DERBI 69 "NO EXISTE". ¡'es una Guzzi! (Por Lalo F. Mayo)

Compañeros queridos del blog, yo ni entro ni salgo. el furriel

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Queridos amigos, acabo de comprobar que la DERBI 69 no existe.

Caiga quien caiga.


Como mucho podemos hablar de la Derbi «del 69» por el año en que salió a rodar, bautizada en fábrica como «Antorcha» y que fue en su tiempo un gran éxito de ventas, propiciado especialmente por la inmensa cantidad de ellas que compraron los albañiles para ir cada día al tajo. 


La Derbi «paleta», se conoció también debido a este hecho. El 80 por ciento de los albañiles que trabajaban en las obras de Astorga cruzaban las murallas cada mañana saliendo de entre las nieblas que rodeaban la ciudad. Llegaban desde Valdespino, Luyego, Val de San Lorenzo, Murias de Rechivaldo, Santa Colomba de Somoza, San Justo, Nistal, Villamejil…, de la ultraseca Maragatería y de la fértil vega del Río Tuerto.


 No, no llevaban chorizos, tal como ilustra este concepto. Chorizos, en ristras, no, pero sin duda que en sus bolsas olímpicas de Roma 60 se alojaba un racial bocata, este sí, de chorizo curado al humo de urz, que es la manera que se usa por allí. En realidad, nos llegaba con el frío seco de las madrugadas, pero nos sobraban arbustos y los usábamos para ahumar a los cochinos despiezados. Al menos eso hacía mi abuelo, lo que le agradecía toda la familia.


Pero estábamos en que la Derbi 69 no existe. 


Pero ojo, que no estoy diciendo que la «Volaora» no lo fuera. Una Derbi, y del 69, digo. Pruebas recién aparecidas que brillan en este medio sobre el que tienes tus ojos, lector querido, así lo confirman; y encima, firmadas por los caballeros (como corresponde tratándose de una montura) don Víctor Cabritero, presbítero y párroco de la Iglesia de San Félix, acompañado al pie del documento por el adquirente don Francisco Garcia alias Pachu el Facendosu. Ahí están sus rúbricas, que no osaré cuestionar como ciertas ya que la pátina que el tiempo ha dejado sobre el papel que lo documenta lo hace infalsificable. En él no hay postverdad, ni fake ni falsa realidad: don Víctor le vendió su Derbi a don Pachu con tan tajante aseveración que me permite parafrasear aquel exabrupto de otro cura, este de atrezo, que dijo algo parecido a: «…y lo que yo he vendido en la tierra, no lo cuestiona ni Dios en el cielo».


Bien vendida quedó aquel 30 de febrero de 1958 la Derbi, aunque no fuera una 69, una lástima porque ese no es un mal número. Como tampoco lo es el del día de autos que fecha el documento, aunque es bien sabido —y seguro que aparece por aquí alguien que así lo confirmará, lo vais a ver— que en la Vega’l Ciegu siempre han ido muy a lo suyo.


¿Que el Pachu tenía una bendita Derbi ya nadie lo podrá negar. Seguro que se desenterrará algún documento gráfico en el que aparezcan ambos y, quién sabe, quizás con alguna caja atada al transportín en el que sobresalgan el extremo de alguna ristra. Cosas más difíciles se han visto, se están viendo ya en los medios de comunicación de nuestros pecados.


Asentado queda por mi parte, pues, que el Pachu le compró la Derbi Antorcha DEL SESENTAYNUEVE al cura y que la rebautizó como «Volaora»: ¡49 centímetros cúbicos daban para mucho en aquellos tiempos! Habría que verla baixando Paxares, tanto pa un lau como o pal otru, sobre todo pal otru.


¿Entonces a que venía el exordio anterior, con el rollo de la Guzzi (no Gucci, que ese es otro mucho más fino), si ahora, a las primeras de cambio, el que suscribe dice que se ha equivocado? ¿Pero quién hace eso ahora? ¿Decir que uno está errado, así, sin h de hierro? Yo, al menos, no lo haré aquí hoy.


Doy como cierto que había una Derbi, en la que se trasportaban chorizos de los valles verdes  a la meseta amarilla, y que a los mandos de la máquina estaba el Pachu, que sí. Pero es que el sujeto principal de todo este invento, la moto que aparece en lo alto de las escalinatas del santuario en construcción y que se identificó con una Derbi, no, no es una Derbi. ¡Es una Guzzi! 


¿Que a Pachu le llevaba a trabajar a La Virgen? Sí. ¿Que el Facendosu aprovechaba el viaje para arramblar con los chorizos de la matanzade su casa? Pues posiblemente también, aunque si no hay prueba gráfica será más difícil de demostrar. Si solo los tenía que descargar de los varales de su fallado, pues claro que lo haría: tenemos moto, chorizos y a Pachu de mensajero. Pero lo contradiga quien quiera contradecirlo, la moto subida a la escalinata no es una Derbi. Es una Guzzi. Y ahí también se pueden presentar pruebas documentales gráficas que nadie con al menos un rastro de visión que le quede en cualquiera de los ojos podrá discernir sin esforzarse. 


Si se publican las fotos que envío al Furriel veréis una Derbi que se parece algo a la Guzzi de la escalinata por su manifiesta endeblez. Pero ojo, ¡¡lleva pedales!! Las otras dos son modelos «Antorcha» de años diferentes: la roja del 70 y la naranja/verde bastante posterior. La «Antorcha, como dice el texto de la foto, nació en el 65 y sí, llevaba como apellido CUARENTAYNUEVE. Esa era la Derbi 49. ¿O todavía os creeis que a mitad de los años sesenta podía comercializarse algo para subirse encima que llevara en su denominacion el número 69?


Tengo entendido que el pCoello hacía constantes viajes en moto desde Salamanca a León para ver cómo iba su iglesuca. Ya me parece exagerado tener que afirmar que se arriesgara a tales singladuras sobre la frugal montura de una Guzzi 65, que es SIN DUDA la que aparece en la foto, pero la fe mueve montañas y seguro que acorta los kilómetros, y él debía tener mucha fe, por como lo dejó grabado en cada metro cúbico de hormigón. 


Quizás Mariano Estrada, que sabe de la vida y andares de Coello en aquellos años, nos pudiera informar sobre la marca y modelo de la montura que usaba el arquitecto, porque, ¡qué descubrimiento habríamos hecho si la moto de la escalinata, esa Guzzi 65, fuera la suya. Que el jefe tuviera la prerrogativa de aparcar su vehículo justo delante de la mismísima fachada principal del santuario nadie lo iba a discutir: ni el obispo, ni el prior, ni siquiera don Pablo, que vería el asunto desde muy lejos entre la primera piedra y la última. En el momento en que fue tomada la foto, quizá no tanto, pero una vez alineados los apóstoles y la Virgen mirándola en todo momento, quién se iba a atrever a tocarla, no digo ya a llevársela sin permiso.


Salud.

Lalo


POR SI HACEN FALTA MÁS FOTOS:






miércoles, 27 de mayo de 2026

ESTO YE IRREFUTABLE ¨LA DERBI 69¨(Por Manolo Díaz)

Aquí os dejo el documento que Manolo ha desenterrado y que aporta a la causa. Su descubrimiento da la razón a su argumentación, salvo que la investigación sobre la que sigue trabajando  el Pitu la tumbe.

Helo aquí.

el furriel.



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Mi querido y admirado Lalo, GRAN LALO, Por exclusivos méritos propios, te has ganado sobradamente el calificativo de GRANDE, MAGNO. 


Para mí estás en la estela de Alejandro, Constantino, Teodosio, San Alberto, etc.
Y afirmo esto porque comprendo perfectamente que el 100% de los blogueros que han intervenido en nuestro litigio se hayan posicionado de tu parte. Yo también lo haría si el opositor fuese otro. ¿Se preocuparon de investigar Derbi/Gucci? ¡No, nada! Pero en la dupla Lalo/Manolón, ¿a quién elegir? Fíjate que algunos ni siquiera me nombran.


Entro en tema. Siento decirte que, por una vez y sin precedentes, estás en un error. ¡Galgos y muy galgos, bien vistos los tengo!


Comencemos por las razones técnicas que la identifican como DERBI:
El depósito: Corto y redondeado, colocado entre los tubos del chasis dejando espacio libre debajo hacia el motor.


El sillín: Cuenta con ese clásico asiento individual monoplaza suspendido sobre muelles, con un pequeño transportín trasero justo detrás sobre el guardabarros (que en la foto da el efecto óptico de un sillín corrido o un bulto de equipaje).


Guardabarros delantero: Muy envolvente, una característica típica de las Derbi de la época para proteger de las carreteras de tierra de la posguerra.


La robustez general y esa caída del chasis bajo el depósito, demuestran que se trata de una Derbi, sin dudas.


Ahora expongo los argumentos IRREFUTABLES.
Sabía que Pachu compró la moto a D. Victor, Párroco durante muchos años de la Vega’l Ciegu, muy próxima a Casorvía. ¡Allí me planté esta mañana! La iglesia lleva lustros cerrada. Pero Inés, la guardesa, dejome la llave y paseme tres hores charigando por la antigua sacristía/despacho parroquial. Da pena como está aquello. Rebusqué por carpetes, armarios apolillaos, papales y más papeles en pésimas condiciones… ¡EUREKA! ¡Encontré un papel amarillentu y casi ilegible, el recibu de compra/venta! No sé cómo incluirlo aquí. Envío foto al Furri.y copio contenido:


“IN DEI NOMINE. AMEN.
DESPACHO PARROQUIAL DE LA VEGA 'L CIEGU
Concejo de Lena (Asturias)
En la parroquia de La Vega'l Ciegu, a treinta de febrero de mil novecientos cincuenta y ocho.
Ante mí, Don Víctor Cabritero Ferre, Presbítero y Párroco propio de la Iglesia de San Félix de esta feligresía, comparece de una parte el propio Rector que suscribe y, de la otra, el vecino Don Francisco García Gafo, conocido en estos valles bajo el sobrenombre de «Pachu el Facendusu», natural y residente en la vecina localidad de Casorvida.
Ambas partes, reconociéndose con la capacidad legal necesaria para el otorgamiento de este acto de naturaleza civil y mercantil, de mutuo y espontáneo acuerdo de sus voluntades, DECLARAN:


PRIMERO. — Que el que resuelve, Don Víctor Cabritero Ferre, en calidad de legítimo propietario, efectúa la venta y transmisión formal de un vehículo ciclomotor de la marca y modelo DERBI 69 a favor del mencionado adquirente, Don Francisco García Gafo.


SEGUNDO. — Que el justo precio de la citada transacción queda unánimemente fijado y convenido en la cantidad líquida de 69,69 pesetas en moneda de curso legal, obligándose asimismo el comprador a la entrega complementaria, en concepto de diezmo y costumbre, de dos chabascos de corripu y un gachón de caleya debidamente cebado.


Y para que conste, surta los efectos oportunos entre los caballeros firmantes y quede debidamente registrado en los anales del archivo de este Despacho, se extiende el presente documento por duplicado, firmándose de puño y letra «in machina» en el lugar y fecha ut supra”


Siguen dos firmas ológrafas


Si todo lo anterior no os convence, aun me queda el ARGUMENTO TUMBATIVO. 
Hablé con Valdés. ¡¡¡¡Sabe dónde está actualmente LA VOLAORA!!!!

Y aquí lo dejo…

Manolo

martes, 26 de mayo de 2026

EL MISTERIO DE LA "DERBI 69" (Por Lalo F. Mayo)

Ante la masiva petición recibida en esta Furrielería instándome  a requerir de Manolón para que descifre el misterio de la Derbi 69 que aparece en la fotografía de la portada que publiqué en el blog el pasado día 18 bajo el título de "SORPRENDENTE FOTOGRAFÍA ¨LA VOLAORA", y la insistencia de Luis Carrizo que está en un sinvivir, se nos adelanta el     querido Lalo F. Mayo "el grande" descubriendo la purita realidad. Aquí os dejo "su" verdadera historia de la Derbi 69.

¿Será ésta la auténtica historia? ¿Derbi 69? ¿Gucci 65?

El Furriel

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Muy buenas, mi querido primu asturianu. Ya sabes, yo, como buen llionés, de los asturianus considérome primu hermanu. Y más tras haber respirado durante seis años el mismo aire (fresco o muy fresco, qué te digo que no sepas) de aquella paramera que tanto ha dado que hablar y aún más de escribir.

Podría decirte aquí, como disculpa, que el motivo de este extemporáneo mensaje que te llega desde este sur ya tan caluroso en el que me hallo es por interesarme por el recorrido de «Justo a tiempo» el libro (primero, espero que de una larga lista) de Paula. 

Eso tambien, claro. Pero además, y en aras de la ortodoxia informativa, eso que ya casi no queda en este mundo, quisiera aclarar aquí que no, que no es una Derbi 69 la moto aparcada en lo alto de las escalinatas del santuario, sino una no menos histórica Gucci 65. Roja o negra, algo que la foto en blanco y negro no puede declarar, pero que así será porque de la fábrica solo salían con esos dos colores. Por mi pueblo las llevaban los albañiles (o maestros de obra, que no sé si el coste del sofisticado aparato estaba al alcance de un simple paleta), aunque hubiera sido más propio que con esos dos colores negro y rojo fuera el arma de trabajo de los tipógrafos, que en mi ciudad, ilustrada y culta donde las había, eran un montón.

No quiero decir con esto que los chorizos casorvidenses del Fecendusu no colaboraran, en tan alto extremo como reseñas, al levantamiento de la maravilla del pCoello que tanto disfrutamos, ¡líbreme la Virgen!, pero lo que quisiera es poner en cuestion —discreta y humildemente— es que Pachu los llevase en una Volaora de marca nacional, sino en una de nacionalidad italiana. 

Son 30 cc los que diferencian una de otra, ademas del carácter propio de la nacionalidad de cada una de ellas, vinculada a su diseño. Seguramente que debido a esa diferencia la moto emplearía algo más de tiempo en cubrir los cien kilómetros que separaban en aquellos días las dos poblaciones, que a una velocidad media de 40 o 50 km/hora, y puertu Paxares cuesta arriba por medio y carreteras como las que en los sesenta separaban Asturias de León, seguramente sumaba sus buenas cuatro o cinco horas, siempre que no hubiera que parar a limpiar una bujía perlada, arreglar un pinchazo o tomarse un necesario refrigerio en Villamanín antes de tirarse a tumba abierta y puerto abajo hacia La Robla. Aquellos choricinos casorvidenses llegarían un poco más curaos al pie de los encofrados de hormigón que se estaban levantando con tanta fe, y sobre todo, gracias a tanta cerveza. (Ojo, cuestión no menor esta de vincular la santa misión del levantamiento de santuario y fundación religiosa a la fabricación y venta de la profana cerveza.

Ha pasado tanto tiempo y nuestra cabeza está tan llenas de datos, que a veces los recuerdos la saturan y ponen el foco en imágenes que, o bien nunca sucedieron, o bien se han disfrazado convenientemente para asentarse más cómodamente entre nuestras neuronas. ¿Es por eso falso lo que guardan? Aunque en estos tiempos de lamentables postverdades habría que decir que no, que para el usuario lo que vale es lo que cree (o dice creer)  que sucedió, que esa es «su» verdad y que, por falsa que sea, la considera tan válida como la objetivamente real; así que, ¿qué le vamos a hacer? 

Al final va a resultar que la verdad se asienta, como tantas otras cosas, en el poder, siempre que este se pueda ejecutar. Lo que no tiene absolutamente nada que ver, he de reconocer, con el asunto que nos ocupa: el de la Derbi 96 o la Gucci 65 y su relación de las ristras de choricines de las laderas que rodean Casorvía; el Pachuque los hacía llegar a la llana Paramera, y las 21 ventanas de la fachada del santuario que cada mañana esperan a que les llegue el sol desde el Este. Porque es seguro que los paletas que abrieron esas luminarias gozaron de esa conexión desconocida que ahora Manolo ha descubierto entre la verde  aldeona y la ocre llanura que tantas veces corrimos.

Pero quede aquí constancia, que es a lo que vamos, de que la verdad que yo veo en esta entrada es que, con chorizos o sin ellos, que eso no se discute, la Volaera no era una castiza Derbi 96, sino una elegante Gucci 65, tal y como demuestro con la foto que envío (y que permite la comparación) de una de aquellas sofisticadas máquinas que, sin duda, hizo evolucionar la proletaria bicicleta.

Salud 
Lalo

sábado, 23 de mayo de 2026

EL PENDÓN LEONÉS DEL P. IRIBERTEGUI

 


Maqueta, en la entrada del edificio del viejo Ayuntamiento de León de la plaza de las palomas, de la escultura del P. Iribertegui hoy en el jardín próximo al Hostal de San Marcos de León.




lunes, 18 de mayo de 2026

SORPRENDENTE FOTOGRAFÍA ¨LA VOLAORA" Por Manolo

 

Ramón hace un meritorio enfoque holístico de la fotografía.
Yo me centro exclusivamente en la moto que aparece en primer término. La reconocí de inmediato, a pesar de la baja calidad con que aparece.

Se trata de una Derbi 95cc.

Y os preguntareis: ¿A qué coj. viene esto ahora? Si leéis hasta el final, os garantizo una auténtica sorpresa.

Allá, a principios de los 60, las obras del Santuario de la Virgen del Camino, amenazaban con eternizarse tanto como las misas del Padre Cura. 

Pero la construcción no dependía solo de la fe y de las excelentes personas que estaban al frente de aquel magno proyecto (Aquí recomiendo leer “Enclave de misterios”). 
Los peones de albañil, entre los que Ramón desearía estar incluido, eran más que esenciales para finalizar tan magna construcción.

¿Y quién era el capataz de esta tropa, que ejercía con más autoridad que Merer cuando se construyeron las Pirámides?

¡PACHU EL FACENDUSU, tíu carnal de nuestru entrañable compañeru Valdés¡
Pachu nun yera un capataz de tres al cuartu. 

Había nacío en LA GRAN ALDEONA (CASORVIDA), un lugar tan empinau que, según él, les vaques tenían dos pates más cortes para nun volcar. 

Y ahora enlazo con la foto. Para su gran misión en la Virgen, necesitaba una montura apropiá, que’i permitiera atravesar el puertu sin complicaciones.

Pensó comprai el burru a Xosefa Xuacu. Un buen burru, por cierto. Probolu y paecioi algo lentu. Así que volvió a pensalo: Ni una Harley, ni una Vespa de ciudad... necesitaba una máquina de guerra de la posguerra española.

¡Ahí la tienes en la foto!, recubierta del polvo sagrado de la construcción. ¡Una Derbi 95cc!, que en Casorvía llamaban’i "La Volaora" porque, si cogías mucha velocidad en bajada, sentías que ascendías a los cielos antes de tiempu.

Pero esa Derbi nun traía planos, ni ferramientes de precisión. Traía algo mucho más vital para el espíritu de la obra.

Fíjaos bien en el portabultos traseru. ¿Ves esi bultu sospechosu sobre la rueda? Eso, mi querido Valdés, nun yera equipaje de la Renfe.

Yera una ristra de chorizos caseros de Casorvía, a

Una ristra tan llarga que, cuando Pachu frenaba, los chorizos daban’i palmaes na espalda pa animarlu a seguir.

Dícese que cuando el Padre Coello se quejaba de la falta de grues pa les vigues de acero, Pachu cortaba dos rodajes de chorizu, dabailes a los obreros más fuertes y, ¡pum!, les vigues levantabanse soles. 

Esos chorizos tenían más caloríes que una central térmica y más fe que todo el seminario dominicano junto.
 
El Santuario de la Virgen del Camino se sostiene hoy en día gracias a la piedra, el cemento... y el "combustible" que traía Pachu el Facendusu desde la Aldeona asturiana en su fiel Derbi.

Así que, Valdés, mi queridu Valdés, la próxima vez que veas esa torre de hormigón y esa impresionante fachada, recuerda: Allí, a sus pies, descansaba "LA VOLAORA", y en su grupa, la ristra de chorizos que, indirectamente, obró el milagru de la construcción. 
¡Todo queda en familia!

¡Y LEED “ENCLAVE DE MISTERIOS”, COÑO!

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