Hace unos días Isabel y un servidor celebramos nuestras bodas de oro de casados.
Quiero compartir con todos vosotros la alegría de nuestra familia.
Y damos gracias a Dios por haber llegado.
Hace unos días Isabel y un servidor celebramos nuestras bodas de oro de casados.
Quiero compartir con todos vosotros la alegría de nuestra familia.
Y damos gracias a Dios por haber llegado.
Preciosa vidriera. Las tres primeras lancetas de la izquierda están dedicadas a momentos relacionados con la Virgen del Camino. Escenas clave, Aparición, milagro del cautivo, romería con pendones, etc.
Fue realizada en el taller de los maestros Alberto González, Guillermo Alonso Bolinaga, M. Santa María, y el ajustador Moncada, (formados por el maestro catalán Rigalt).
Es una parte de la nueva vidriera de las llamadas “serie baja”. Se encuentra en el transepto sur de la Catedral de León, sobre el sepulcro del Obispo Martín Alonso.
Data de finales del siglo XIX, cuando se completó la restauración total de la Catedral y su reconsagración de 1901.
Por primera vez en su vida, Alberto ha pujado el paso de San Juan en la procesión de los Pasos del pasado Viernes Santo.
Toma el relevo tras mis 40 años de bracero.
¿Os podéis imaginar el orgullo que, Alberto y "su padre", sintieron en esa mañana?
Papones de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, fundada en 1611 por los Padres Dominicos en el desaparecido real convento de Santo Domingo el Real, ubicado en la Plaza que ha conservado hasta hoy el nombre de Santo Domingo.
Y ya hemos cumplido los primeros 19 años.
Y de nuevo, y sin faltar al cumpleaños, Jesusito el Herrero nos lo recuerda con su anagrama anual. Gracias, artista.
Gracias por leer y escribir.
DIARIO DE LEÓN 3 DE ABRIL 2026
Si en mi infancia me cupo alguna procesión de mirón de acera o el privilegio de verlas desde el balcón principal del casón del Hospicio cuando sólo había unas pocas y únicamente seis cofradías, en toda mi adolescencia y juventud de colegio o convento desapareció todo ese rito ruidoso y procesional, papón y militarote, bullicioso y ostentóreo, tan de fe paisana con vela llorando cera por la mano abajo en oración muda, como de poses bien hipócritas en señorones de panza y fe carbonera revolando la capa y reluciendo categoría con báculo de plata. En todo ese bachiller y después estudiantado (ocho años) la cosa era bien otra con unas Semanas Santas que nos significaban una mayor intensidad vital, primaveral y litúrgica, una Pasión de celebración continua y diría que un tiempo recogido con arrebato casi místico en el que todo llevaba a ahondar en la fe escenificando el misterio y entrándole a su significado. Intensidad, eso era. Y sobre todo, explosión musical, coro, escolanía, amplio repertorio clásico y polifónico, ecos viejos y rito conciliar en escenario vanguardista, el santuario de la Virgen del Camino con frailes de capa negra que en Pascua se la desprendían para quedarse en blanco nuclear y jubiloso, aleluya. Todo impecable. Llevábamos ensayándolo en la escolanía los tres últimos meses. Y un Vitoria polifónico armonizaba la angustia de la Pasión igual que Haendel estallaba en alborozo pascual... y siempre en la memoria aquellas Tinieblas del Viernes Santo de limpia teatralidad y velones que se iban apagando bajo el abovedado canto griego del «Agios o Theos, Agios Ischyros, Agios o Athanatos, eleison imas» de eco armenio-bizantino. Y ver todo aquello después en Caleruega y Silos, con su geométrica pulcritud benedictina y gregoriana, elevaba el espíritu sin esfuerzos. Era otra cosa. Y ya no volvería a verla al regresar al siglo, a lo civil, ya estrenando los 70 en un León que perdía puja y turra cofrade, pero que dos décadas después revivía en un festival de cofradías inventadas y vanidades tridentinas, algo con lo que difícilmente podría identificarme (me espanta) por más «identitario» que me vendan hoy ese tiberio, ¡tanto tiberio!...
Preciosa fotografía aérea de 1962. Al poco de terminar las obras del Santuario nuevo. Observad al fondo las eras.
La vista de lince de Malvarez como detalla en su comentario.
DIARIO DE LEÓN 2-3-2026
Me acuerdo del olor de la sábanas lavadas que se tendían al sol sobre la hierba. Me acuerdo del cine de los Capuchinos con el suelo lleno de cáscaras de pipas. Me acuerdo de Lucero Tena tocando las castañuelas en el Emperador. Me acuerdo del viejo hospital de San Antonio Abad llevando cigarrillos sueltos a viejos terminales de beneficiencia. Me acuerdo de lencería casi ortopédica en los escaparates de «El Buen Tono». Me acuerdo de cuando ateo era una palabra inquietante... y marica, aún peor. Me acuerdo de una catequista guapa, una; el resto, remedium concupiscentiae. Me acuerdo de ganar 10 pesetas recogiendo lúpulo en Ruiforco a los 8 años. Me acuerdo del sabor de los albérchigos verdes guindados al señor Jalón. Me acuerdo de Sitting Bull en un album de cromos del Viejo Oeste. Me acuerdo del horrible frío en su cara al besar a mi abuela Laura muerta. Me acuerdo de pescar bermejuelas en un Bernesga de arenas con carbonilla. Me acuerdo de la chaqueta de ante que quiso lucir mi padre y al fin heredé. Me acuerdo de toda la ropa heredada. Me acuerdo de jugar a la comba con las niñas sin que nadie lo afeara. Me acuerdo de la caldera de leche en polvo que batía con una tabla la señora Quintina en las escuelas de El Cid. Me acuerdo de Emilio Salgari corrompiéndome a la lectura. Me acuerdo de los asientos de madera del tren Hullero y de un feriante que sorteaba cachiporras de caramelo. Me acuerdo de ordeñarle la hucha a Tinín sacando las monedas con cuchillo. Me acuerdo de apedrear a los gatos para saber si tenían siete vidas. Me acuerdo admirado de que no se congelaran en invierno las mujeres yendo todas en faldas y con medias finas. Me acuerdo de la única chica del barrio que peinaba cola de caballo. Me acuerdo de voltear un bolígrafo desnudándose la gachí que iba dentro. Me acuerdo de la emoción de escuchar a la escolanía de los dominicos. (Y válganme estos «me acuerdo» de homenaje a la joya literaria «I remember» de Joe Brainard).
Gradefes. Santa Olaja de Eslonza. Año 22-4-1962. Procesión del Cantamisas del P. José Fernández Moratiel.
José María Urbano, fundador y alma máter del proyecto editorial Asturias Innova+, recibió el reconocimiento de su casa tras haberse jubilado. «Este es el momento en el que a uno le apetece decir: si lo sé, no vengo», señaló con humor tras recibir el premio honorífico de manos del presidente del Principado, Adrián Barbón. Un premio que dedicó a Cristina Tuero, a la que atribuyó el 50% del esfuerzo en Asturias Innova+, a Laura Mayordomo, que ahora coge su testigo, y a su mujer.
Su trabajo y apuesta por AsturiasInnova+ ya había sido aplaudida previamente cuando el director de EL COMERCIO, Ángel González, había destacado su labor, pero su periódico quiso agradecerle el trabajo y el compromiso con la innovación desde el escenario. Recordó José María cómo había surgido este proyecto: tras un café con Nicolás de Abajo, responsable de centros en I+D+i de ArcelorMittal cuando se enfrentaba a la «disyuntiva» de la jubilación: sofá, mando a distancia y Netflix o inventar algo «que me mantuviera despierto, en contacto con el mundo, que me obligara a leer, a estudiar». Nació entonces Asturias Innova+. Pero, ojo, que ya tiene en agenda otro café con De Abajo.
-------------`palabras que te dedica Amador Robles.
Vista interior del santuario barroco de la Virgen del Camino donde se aprecia a los pies del templo la tribuna del órgano.
Nota.- aparece en la pág.130 del libro "LaVerdadera historia de la Virgen del Camino" de Jorge Martínez Montero.