viernes, 17 de junio de 2022

Homenaje al Prior de los Dominicos, Padre Manuel Gutierrez Bandera

El pasado 29 de mayo, al término de la Santa Misa dominical, tuvo lugar en la Capilla de Santa Nonia un pequeño acto de homenaje y reconocimiento a Don Manuel Gutiérrez Bandera, Prior de la Comunidad de los Padres Dominicos encargados de la Basílica Menor y Real Santuario de la Virgen del Camino.


Fray Manuel Bandera Gutiérrez Bandera nació en León el 1 de enero de 1941, profesando en la Orden de Predicadores el 8 de septiembre de 1957 y siendo ordenado sacerdote el 27 de junio de 1964.

El 25 de marzo de 1945, con apenas cuatro años, causó alta en la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno con la carta de pago 729.



jueves, 16 de junio de 2022

OTRA TRISTE NOTICIA- FALLECE OLEGARIO FONTECHA

Santos Suárez Santamarta me informa de otro suceso triste: 

la del fallecimiento , el pasado día 4, de Olegario Fontecha, compañero del curso 57-58, conocido y querido por muchos compañeros de cursos anteriores y posteriores. Ha fallecido hace unos días. Van siendo demasiados los que nos preceden en este último viaje. Nuestro recuerdo y afecto a Olegario y los que nos van dejando.



lunes, 30 de mayo de 2022

APROXIMADAMENTE EN EL MINUTO 40

Hola  Josemari. Te envío ese link, a petición de Carlos Junquera, que tiene  
muchos libros de rescate de folklore  de León. El último fue el 19 de este  
mes, presentado en León, sobre un traje de Veguellina..
Saludos. Un abrazo

Atentamente,

martes, 24 de mayo de 2022

FALLECE PABLO BORGE

 Con tristeza os comunico el fallecimiento , el pasado domingo, de nuestro compañero (curso 1960) Pablo Borge Bartolomé.

Me acabo de enterar.

Descanse en paz el buen amigo Pablo, quien formó parte de nuestra pandilla de León de los últimos 60 y primeros años 70. A Pablo le apodábamos Pablo Paulosca Némovich.

Un abrazo para Yolanda y sus dos hijas.





sábado, 21 de mayo de 2022

LA VENDEDORA DE GLOBOS 41 (Por Isidro Cicero)

LA VENDEDORA DE GLOBOS 41. ELOGIO DE LA LECTURA. ISIDRO CICERO 


Esta pequeña escultura está hecha en poliéster verdoso. Se titula “La lectura”, aunque, en el catálogo de la exposición de la que forma parte, viene como “La lectora”. No es lo mismo. En cierto sentido tiene razón el catálogo, porque, si os fijáis, muestra a una chavalina volcada sobre el libro que está leyendo. Pero, en otro sentido, falla el catálogo, porque el autor de esta obra me ha dicho a mí personalmente que aquí se representa el acto de leer como tal acto. El concepto de lectura, la conducta de la lectura, el elogio de una actividad que practica en exclusiva la especie humana; no toda la especie, ojalá lo hiciera; no siempre ni en todo lugar “ab initio”, pero sí esperamos que “ad finem” sea una práctica eterna. Para siempre, para todas las partes de la tierra. 

 

 

Esta exposición está teniendo lugar ahora en el corazón de la ciudad de Burgos, en un histórico monasterio que se llama de San Juan. Allí permanecerá hasta el próximo 12 de junio. La muestra son al pie de ochenta obras. Algunas están hechas en piedra, otras en madera, otras en bronce, otras en poliéster. Algunas tienen un tamaño grande, pero abundan las medianas y las pequeñas. Hay un Santo Domingo de cedro barnizado con tintes de caoba que se incorporará a la catedral y mide 1,50 metros. La catedral cumple ahora 800 años y Santo Domingo también. No hace falta que os recuerde la coincidencia. 

 

“La lectura” que yo sostengo en mi mano es pequeña: de alto no tiene más de 10 centímetros. La base de la muchacha, formada por sus caderas y sus piernas dobladas en forma de flor de loto tiene una anchura de ocho centímetros, pero casi tres veces más, casi 24, si medimos la circunferencia que ocupa la chica sentada. El escultor, ya tenía que haberlo dicho, es fray Alfonso Salas. Es de la comunidad de Caleruega. Salas tiene ya 82 años y enseguida le caerán los 83.  No es que Salas haya querido exhibir en Burgos una pieza por cada año de su vida, es que la cosa coincide así. 82 años, 80 obras, dos arriba / dos abajo. Y 80 exposiciones individuales o colectivas, que, dos arriba / dos abajo, lleva realizadas a lo largo de su vida. Él se queda mirando la exposición y te dice: “Me parece inconcebible que haya podido yo hacer tantas cosas y las que no están aquí”. Pero claro, son muchos años trabajando, ha sido una vocación autoexigente, ha sido un continuo dar puntadas siempre con hilo. Y aquí está el resultado.

  

Este año, Alfonso Salas y el gerente municipal de Cultura de Burgos, Ignacio González Santiago, se pusieron de acuerdo entre ellos y me encargaron a mí la introducción del catálogo. De mil amores y todo lo mejor que pude y supe, escribí un texto largo que titulé “El elogio de las manos”. De las manos del hombre en general, que la mano es la pieza que nos hizo humanos, distintos  de todos los demás animales y de todos los demás seres vivos que haya o pueda haber en el universo infinito. La pieza que, junto a la mente, nos hace únicos. Si somos hombre es porque tenemos manos.  Algunos además de ser humanos in genere, son artistas. Porque sus manos crean obras memorables y a través de ellas y de lo que algunos antiguos llamaban nous, alcanzan cotas de humanización que nos conmueven y nos enorgullecen a todos los demás. Salas es uno de ellos. 


A mí con este encargo, os digo la verdad, me han hecho un honor. yo así me lo tomé. Yo, hace unos años, cuando expuso Salas su obra en Burgo de Osma, escribí también unas líneas para el catálogo. No muchas. Salas dice que sus obras son para que las toquemos, porque al tacto la materia le transmite tanto o más que a la vista. Salas se ha fijado mucho en la gente que va a ver sus exposiciones. Dice que las tocan, las palpan, y muchos invidentes hasta consiguen distinguir el color de la piedra, el árbol del que procedía la madera, a mí no me preguntes cómo. Salas siempre invita a personas ciegas a “ver” sus obras con los dedos. Por eso yo el texto para Burgo de Osma lo titulé “Los dedos ven”. No se te escapa, entendido lector, que estas tres palabras coinciden con otras tres de una frase del evangelio: “Los ciegos ven”. En ambos casos, las palabras son tres, las sílabas son cuatro, las vocales cinco (OIEOÉ), los sonidos caen los mismos lugares de las palabras. Para Burgos, volví sobre esta misma idea de los dedos, del tacto, pero me extendí sobre el don divino de la mano y la manualidad. 

 

Al que visita la exposición en Burgos, le dan un catálogo, muy bien editado (la Gerencia Municipal de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Burgos lo hace muy bien). Allí podrá leer el visitante “El elogio de las manos”, pero si José Mari está dispuesto, se lo mando a él para que lo ponga aquí a disposición de todos. 

 

 

Salas es de un pueblo castellano que se llama Castrillo de la Reina, allá por la Sierra de la Demanda, cerca de Salas de los Infantes, cayendo hacia Soria. Allí hay un monumento que hizo él, un monumento nacional, al Peón Caminero. Salas es un fraile campesino, curtido, fue un muchacho de la feroz posguerra y es un hombre sobriamente agradecido. A mí me regaló esta escultura de “La lectura” hecha en poliéster.  Debo confesar que estoy más ancho que largo con ella, porque a mí personalmente la lectura me ha venido siempre muy bien. No voy a ponerme ahora tierno contando las cosas de las que me ha salvado a mí la lectura. Nadie las podría creer si las contara. 

 

Pero quiero terminar explicándoos lo que Alfonso Salas ha querido decir a través de esa obra precisa de “La lectura”. Como me lo ha explicado él, lo explico yo, que a veces te preguntan “por qué sabes tú que la intención del artista es esa que tú dices y no otra. ¿Te lo ha dicho él?” Y yo: “No, me lo digo yo, me lo dice a mí la obra suya cuando la contemplo y la estudio, a ti te puede decir cosas diferentes”. Así, con dos pares.  Pero esto que voy a decir me lo ha dicho él, me lo ha dicho el propio artista y ahora preparaos para ver qué maravilla. 

 

Primero, el acto de leer (de leer un libro, no el prospecto de las pastillas, o el resultado de la quiniela) es para tomárnoslo en serio. Leer es un acto profundo. De civilización, de humanización. Leer merece una concentración específica, no debes leer tirándote al sofá de cualquier manera indolente. Hace falta una postura para leer. La chica de la escultura de Salas adopta la postura del loto, nada menos: la postura que los yoguis llaman el “padmasana”, la asana hindú que precisa largas prácticas de ejercicios hasta conseguirla. No es fácil lograr que las piernas se relajen, se hagan tan flexibles como para que te puedas sentar sobre los pies recogidos entre tus muslos. Es difícil esta asana, pero es la imagen de la meditación. Salas quiere decir, en primer lugar, que para practicar la lectura nos debemos poner en disposición, en una actitud propicia para la reflexión, la contemplación y la propia sanación. 

 

En segundo lugar, la lectura consiste en un diálogo entre la persona y el libro. La persona tiene que acercar el libro, lo que el otro ha escrito, con una actitud de atenta escucha. Tiene que hacerlo sin prejuicios, sin ideas preconcebidas, como se hacen los verdaderos y escasos diálogos. Mirad la muchacha de Salas: se ha vaciado.  Su vientre es cóncavo. Ha expulsado todo su interior. Será a medida que lea, cuando se auto insuflará el libro. De la expiración inicial, pasará a la inspiración profunda, recogerá el oxígeno del libro, llenará con él su mente, sus pulmones, su corazón y su vientre se hinchará, se preñará de la palabra del otro. Al final, como fruto del diálogo, parirá el nuevo ente concebido. Que será un ser nuevo, no el libro, sino el hijo del libro que se ha encarnado en la lectora.  Este es el milagro de la encarnación de la lectura. Hay que asistir a él con respeto. 


En tercero y último lugar, fijaos que Salas representa a la protagonista de la lectura como una jovencita con coleta. Es porque, leyendo, nos rejuvenecemos. Aprendemos cosas nuevas siempre que leemos; reconstruimos nuestros tejidos mentales a medida que leemos. Renovamos las células de nuestro entendimiento, cada vez que leemos. Tonificamos la musculatura de nuestra memoria cada vez que leemos. Vencemos a las enfermedades del espíritu, la apatía, la desgana, el aburrimiento, la desilusión, el desinterés por las cosas, cada vez que leemos.  Es más, cada vez que leemos un libro que ya hemos leído antes, nos rejuvenecemos y lo rejuvenecemos a él otra vez, a medida que nos rejuvenecemos a nosotros mismos. 

 

 

 

 

 

Por todas estas razones, la chica de “La lectura” tiene esa postura serena y relajada; ha expulsado todo el aire que tenía dentro y se ha quedado vacía para inspirarse con el nuevo aire de la novedad de la lectura que tiente en el regazo. Le ha salido una cola de caballo, porque no para de revitalizarse. 

 

Cuando a la lectora de la lectura la ven los que se cruzan con ella le dicen, pero hija, pero cómo te las arreglas para estar cada día más joven. Es, responde la niña, porque cada día leo más, me siento mejor en el suelo, perfecciono la postura del loto y además expulso todo el viejo aire viciado que se mete dentro y que de puro viejo te envenena, se te queda embolsado en las entretelas y te oxida. Luego ya, solo es absorber y absorber lo nuevo, lo distinto, lo regenerado. Y, chica, me sienta, como si estuviera tomando todo el día vitaminas y oxígeno puro de la montaña. La verdad.  

 

Isidro Cicero

 

martes, 17 de mayo de 2022

RECUERDOS DE UN A.O.P. (Por Gonzalo García Sánchez)

 El compañero Carmelo María Flórez Cosío (curso 1959-1964) me envía un escrito de Gonzalo Garcival (apostólico en Villava 1956-1960) dejando a mi criterio la conveniencia de publicarlo en nuestro blog.

¡Sólo faltaría! aquí os lo dejo.

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Estimado José Mari:

 

Para tu consideración, te adjunto un escrito que recibí ayer de mi pariente Gonzalo, por si fuera objeto de publicación en el blog que tú diriges y administras. Gonzalo, primo de mi madre, es cinco años mayor que yo, por lo que no pudimos coincidir en el tiempo de formación con los PP. Dominicos; él es anterior al colegio de la Virgen del Camino. Pero habla de personas, lugares y vivencias que estoy seguro fueron compartidas por algunos de los asiduos visitantes de nuestro espacio virtual de encuentro. Gonzalo me comenta que el escrito responde a una petición del P. Salustiano Mateos, rector del Real Convento de San Pablo, en Valladolid (y quien trató mucho con mis tías dominicas, en el colegio de Oviedo), pensando en su publicación  en un boletín que editan los Dominicos en Salamanca.

 

Tú verás si viene a cuento la publicación en el blog. A Gonzalo no le he dicho nada de esto, pero no le molestaría, seguro que más bien al contrario.

 

Gracias por todo una vez más. Sigue con salud. Un abrazo

 

Carmelo María Flórez Cosío

 

Madrid, 20 de marzo de 2022---------------------------------------------



DE UN ASPIRANTE QUE FUE, DOMINICANO

Ab imo pectore, mi querido amigo y viejo condiscípulo del ya desaparecido Seminario Hispanoamericano de Misioneros Dominicos de Villava (Pamplona) me pide unas -más bien cortas- reflexiones sobre mi paso por aquella santa casa, una suerte de rebobinado de mi memoria entre los años de 1956 y 1960. o sea, de cuando doblábamos la esquina de la pubertad a la mayoridad en medio de una posguerra de penurias, dudas, agobios y aprensiones.

Y al ponerme a escribirlo, me pasa como con el famoso canastillo de cerezas; y así los recuerdos de aquella etapa de mi vida se entrelazan y se enredan: los mejores con lo menos buenos, los dulces con los amargos, los tristes con los gozosos, de acuerdo con una secuencia parecida a los misterios del Santísimo Rosario que fundara N. P. Santo Domingo ¡en plena Edad Media! Una brevísima revisión personal que, a fe mía, el P. Salus debía de temer que, en el presente caso, podría degenerar en anatema o reprobación al estilo de famosos exalumnos, aclaremos que externos, de la Compañía de Jesús. Verbigracia como James Joyce en su “Retrato del artista adolescente”, Ramón Pérez de Ayala en “AMDG” o el furibundo Vicente Blasco Ibáñez, autor asimismo sectario de “La araña negra”. Pues no,señor, querido Salus, nego maiorem. Porque yo no soy ningún antiguo alumno de la S.J., sino un desvocacionado A.O.P., acrónimo que añadíamos a nuestra firma los Aspirantes a la Orden de Predicadores en un momento estelar de aquellos tiempos de tanta efervescencia, en un momento estelar de la Institución creada por aquel noble Guzmán (de “los Guzmanes de Castilla” que se dice en El Quijote). Y recuerdo bien que, alentado por el espíritu del Concilio Vaticano II, fue el P. Aniceto Fernández, su superior general -antes provincial de la Provincia de España- el primer impulsor del imponderable resurgir de la Orden en los planos teológico, espiritual, intelectual y cultural. El gran P. Aniceto, figura descollante de una cantera de frailes dominicos de progenie leonesa.

No quisiera enhebrar mis recuerdos, no me vaya a pasar como con las cerezas del cestillo. Así que me limitaré rememorar un par de anécdotas, personales e intransferibles, de mi paso por el Seminario de Villava:

En cierta ocasión, el P. Pablo Huarte, supervisor de nuestros ejercicios escolares de Redacción, me dijo que encontraba en mí madera de periodista (¿?), justo lo que malamente llegaría a ser, pasados unos ocho o diez años (...así que Dios bendiga el vaticinio de aquel estupendo preceptor pamplonés). En lo demás, en cuanto fuera ajeno a mi inclinación por las Letras, resulté ser un perfecto desastre; Matemáticas, Ciencias, Dibujo, e incluso en Música fui una calamidad. De tal suerte que el día en que tuve que decir adiós a mi nido de Villava -como un ángel réprobo de los que pinta Milton en su “Paraíso perdido”-, sentí la frustración de no llevarme conmigo las respectivas influencias benéficas de, pongamos, San Alberto Magno, Fra Angélico, los PP. Getino y Arintero; o del buen músico que era el P. Ángel Torrellas en lo tocante al aprendizaje del Solfeo y/o el Gregoriano (por cierto que al contrario que el ulterior padre S.M., máster en Canto Llano)...

Mantengo vivo el recuerdo de las llamadas “academias” semanales al margen de las asignaturas preceptivas. Tal que aquella de ́Dominicanismo, ́mediante la cual se nos ponía al corriente de las glorias pasadas y actuales de la misma Orden, un enorme plantel de portentosas figuras de la Humanidad. La de Dibujo artístico que nos impartía el seráfico pintor y hermano cooperador -antes ́lego ́- Fray Berceruelo, profeso de vocación y autor de aquel fresco monumental que presidía el refectorio del alumnado...

Nunca olvidaré al P. Tomás Noceda, catalán hijo de un guardia civil de Vich, un hombre de vasta cultura y fina sensibilidad, titular de la academia de Literatura donde por primera vez supimos de la poesía de Federico, de un tal Federico García Lorca. Te hacía leer para los cuatro gatos asistentes a sus charlas los versos de la Elegía a la muerte de Ignacio Sánchez Mejías y cada vez que sonaba el ritornello “...a las cinco de la tarde” los párvulos ignorantes no podíamos contener la risa. Nos parecía aquello como una broma del poeta granadino. ¿Se me pegó siquiera un poco la gracia literaria de un Fray Luis de Granada? Pues tampoco, creo yo, aunque me basta con admirarle en su inigualable “Guía de pecadores”, entre los que me cuento yo, faltaría más.

También pudimos disfrutar entonces de figuras de rango cultural como el gran recitador cántabro Pío Cueto, el culto torero y poeta Mario Cabré o -o tal vez sólo lo soñé- el catedrático, prestigioso crítico y académico de la Española, Guillermo Díaz Plaja. Y, claro está, tendré que nombrar a fray Rafael Sánchez Guerra, quien, ya fuera de la actividad política exiliado en París, viudo y bastante mayor, ingresó allí como postulante en la O.P. siguiendo un sabio consejo de su amigo el Dr. Marañón. Autor luego de los libros de memorias “Mi convento” y “Cartas a mis nietos”, su convivencia casi diaria con los jóvenes seminaristas era no poco aleccionadora. Y hay que ver cuánto nos asombraba tener tan cerca a un antiguo dirigente de la II Republica que, a pesar de todo lo pasado, perseveró siempre en sus convicciones católicas. Un hecho que, mucho tiempo después, me haría evocar los versos de un pródigo literato, José María Carulla, que se impuso la delirante empresa -nunca culminada, a Dios gracias- de reescribir la Biblia entera ¡en verso!, obra a la que corresponde este alambicado ripio: “Jesús nació en un pesebre:/ ¡donde menos se espera, salta la liebre!”.

Concluyo el relato particular, condensado en estas breves pinceladas, de la experiencia vivida en el Seminario villavés durante un periodo determinante en la biografía de un muchacho que en adelante habría de transitar por el mundo - ¿in partibus infidelium?- como un Adán expulsado de un paraíso que, sin duda por mi mala cabeza, dejaba tras de mí aquel ominoso estío de 1960. Pero nunca podré renegar ...y no como tantos otros viejos exclaustrados- de mi condición de alevín aspirante a la Orden de Predicadores. Sobre todo, porque, como nos recuerda el filósofo Emilio Lledó, lo que somos hoy es lo que antes hemos sido.

Ignoro si mi culto, entrañable amigo y dominico perseverante Fr. Salustiano Mateos Gómara, salmanticense de pro, estará de acuerdo conmigo en que el tránsito vital por Villava significa en nuestra existencia tanto como el trineo-fetiche rotulado “Rosebud” del

Ciudadano Kane aún niño en la soberbia película de Orson Welles. Y, en quien, que sea lo que Dios quiera. - Gonzalo GARCIVAL *.

• *Gonzalo García Sánchez (Garcival).- Periodista y escritor (Sabero/León, 1944). Aspirante a la Orden de Predicadores (AOP) en el Seminario de Villava (Navarra), de 1956 a 1960. Redactor del diario ABC de Madrid entre 1969 y 1983. Colaborador de publicaciones periódicas de toda España y hasta su jubilación en 2004, dedicado a diversas tareas de Comunicación en la órbita de Renfe. Es autor de tres libros: “Cármina Serrana” (epigramas, 1984), “Estaciones de Ferrocarril en España” (1994) y “Eso no estaba en mi libro de...Historia del Ferrocarril” (2018). Casado, con tres hijos y otros tantos nietos

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