martes, 29 de septiembre de 2026

ESCENARIOS (Por Maxi Trapero)

Permitidme que aproveche estas fotografías de la colección del P. Jesús Martín para recordar el prólogo que escribió mi querido Maxi Trapero para el capitulo 5-ESCENARIOS del Libro de las Fotos (Páginas 184 y 185).

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¡Dichoso albergue mío!
Soledad apacible y deleitosa
que en el calor y frío
me dais posada en esta selva umbrosa, donde el huésped se llama
o verde hierba o pálida retama.

Los recuerdo muy bien. Nunca se me han olvidado, y los copio ahora sin la ayuda de papel alguno. Estos eran los primeros versos que yo, un chaval de unos 14 o 15 años (un guaje, un chiquillo), metido en un disfraz de ermitaño, con barba muy negra, postiza, claro, y con más miedo en el cuerpo que vergüenza, decía en el escenario del teatro de la Virgen del Camino allá por el año 1959 o 60, más o menos. Yo era el Paulo de El condenado por desconfiado de Tirso de Molina. Los había aprendido con fruición, como si de una fruta sabrosa se trataran, buscando el medio silencio de cualquier rincón, o en horas de estudio, o en la cama, tapado con la manta, ayudado de una linterna, cuando la luz del dormitorio se apagaba y nos quedábamos en la soledad —y sosegados, como diría Isidro— de una camarilla de 3 x 2, más o menos, que era nuestro único espacio privado. ¡Cuántos versos como aquellos llegué yo a almacenar en mi cabeza de niño! Contando solo los de esa obra pasarían de mil, supongo. Porque no solo fue en El condenado por desconfiado, participé también en otras obras clásicas, como en el auto sacramental La siega y en otras obras de texto en prosa que por menos importantes ni re- cuerdo cómo se titulaban; una, creo, era El detective Mantekón, o algo así.

¿De dónde sacaban los frailes que nos cuidaban en La Virgen tales reperto- rios teatrales? ¿Qué criterio tenían en la elección de las obras? ¿Qué consejo o co- misión aconsejaba o decidía? ¿O lo dejaban solo al criterio y gusto del pIparraguirre, que él era, creo, quien nos ensayaba? ¿Quién hacía los decorados, que por simples que fueran entonces nos parecían espectaculares? ¿Y de dónde sacaban las ro- pas que los personajes vestían? ¿Y quiénes hacían las adaptaciones de esas obras? Porque había que meter tijera y remendar, había que suprimir personajes femeninos o cambiarlos de nombre, y había que cambiar diálogos y soliloquios... De eso entonces nosotros no nos dábamos cuenta, porque desconocíamos los textos originales y porque nos parecía que era lo más natural del mundo que en el mundo del teatro hubiera solo personajes masculinos. Ahora, mucho años más tarde, me entero por los lúcidos comentarios de Santos Vibot de que en una primera época fue el pJosé María Guervós quien se encargaba de la adaptación y dirección de algunas de esas obras. Pero él no era fraile del Colegio, y venía solo para estos menesteres, así que alguien debía velar de continuo por todo aquel tinglado. ¿Y qué procedimiento usaban los frailes para captar a los alumnos que querían ser actores? Nada de eso sé ni recuerdo yo ahora. Lo que sí sé es que el teatro se me viene como uno de los recuerdos más fuertes de mi experiencia de apostólico (¡qué impresionante palabra me suena ahora y qué anodina me resultaba entonces!) de los dominicos de La Virgen del Camino.

Naturalmente que esta puede ser una impresión particular y minoritaria de los que fuimos alumnos de aquel Colegio. Otros tendrán la música por su más persis- tente recuerdo, la Rondalla o la Escolanía. Otros el deporte, los deportes; otros los re- creos o los días de excursión; hasta puede que alguno los concursos literarios o la vida espiritual. ¿Pero qué Colegio era aquél en el que tanto tiempo y esfuerzo dedicaban los frailes en la programación de eso que hoy llamaríamos actividades culturales? Ni pensar quiero en la impresión y juicio de los que desde el patio de butacas miraban a los que estábamos sobre el escenario. Supongo que lo más importante para los frailes programadores no fuera tanto el resultado artístico como el sencillo y primario hecho de que se hiciera. Y hoy, al ver el álbum de fotos que Josemari y Lalo han recuperado de aquella experiencia, como de los folletos y programas anunciadores, yo me quedo asombrado del papel protagonista que el teatro tuvo y tenía en la actividad extraescolar y cultural del Colegio.

No se trata de hacer la historia o el simple recuento de las actividades que tuvieron lugar en aquel recinto de arquitectura ultramoderna que fue sala de teatro, leído y representado, sala de cine los domingos, salón de actos en acontecimientos solemnes, de conferencias, de actuaciones musicales, de asambleas (¿hubo asam- bleas?), y siempre con un propósito formativo que iba más allá de la simple ocasión de ocio. Yo no sabría hacerla, como sí ha hecho Javier Martín de Pablos, la historia de las películas proyectadas en aquel teatro desde 1961 a 1966. Se necesitaría una documentación que yo no poseo, pero por la simple colección de fotos que aquí van podríamos hacer un panorama: Autores clásicos como Lope, Calderón, Tirso y Val- divielso, pero también modernos como Arniches y Muñoz Seca, y hasta muy compro- metidos como Alfonso Sastre; obras cumbres de la historia del teatro español como La vida es sueño, El condenado por des- confiado y Escuadra hacia la muerte, pero también sainetes y obras intrascendentes sacadas de aquella Galería Teatral Salesia- na que buscarían el simple entretenimiento como El detective Mantekón, Pastor y borrego, Los tres jibosos de Egipto y La estatua de Pablo Anchoa; y autos sacramentales, muchos autos sacramentales, claro, porque había que educar por medio de la alegoría, como La siega de Lope, El gran teatro del mundo y Los encantos de la culpa de Calderón, El hijo pródigo y El hospital de los locos de Valdivielso, y un tan largo etcétera que yo no sé ponerle fin.

¿Cuánto de aquello ocurrido sobre el escenario del teatro del Colegio de La Virgen del Camino ha permanecido en no- sotros y nos ha ayudado a ser lo que —o el como— hemos llegado a ser de mayores? ¿Mucho, poco, nada? Nada pasa en la vida sin repercusión alguna, eso dicen los pedagogos. ¿Qué pudo representar una sim- ple actuación teatral, o dos, o tres, en un tiempo en que las inclinaciones y gustos por las manifestaciones artísticas ni tenían en nosotros carácter duradero ni perspectivas profesionales? Pero eran actividades formativas, eso sí. Y ahí radica, creo yo, el valor integral de aquella educación que recibimos en un Colegio de frailes en un tiempo en que las pedagogías educativas en España estaban muy lejos de poder ser consideradas modernas. Yo pienso como Manuel Álvarez en el estupendo estudio que con tanta objetividad y profesionalidad publicó en el libro anterior, Cuaderno de la memoria: que me siento un privilegiado de haber sido alumno de un Colegio como el de los dominicos de La Virgen del Camino, en el que las actividades culturales y artísticas constituían una parte importante de aquella educación que nos dieron. En mi caso, el gusto por el teatro, por la literatura y por la música, por el arte y por la cultura en general, germinaron allí. Y aquello ha redundado en que lo que hago como profesional lo haga con sumo gusto.

Solo diré que este recordatorio al que me ha inducido la invitación de Josemari para que hiciera el prólogo de este capítulo de me ha estremecido. Como estremecido salía al escenario, siendo un chaval (un guaje, un chiquillo) para recitar aquellos versos de Tirso, temblando de miedo, pero con el regusto y la emoción que da la ficción. Y añadiré que aun conservo los cuadernos manuscritos (dos, pues en uno solo no cabían) en que tuve que copiar la obra entera para aprender mi papel y de paso el de todos los otros personajes. Aquí los tengo, delante, viendo mi caligrafía de escolar, con apuntes de escenografía y de ilustraciones musicales, transmitiéndome una conmoción que más de 50 años no han podido borrar.


                       



domingo, 27 de septiembre de 2026

NADA POR AQUÍ (Por Pedro G. Trapiello)


Pedro recuerda en su columna del diario de León de ayer a su hermano Seve, compañero del Colegio, fallecido hace dos años.
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Qué nada se nos hace el tiempo que pasa en traerte cada poco al recuerdo y al vacío que dejaste. Fue anteayer. De ninguna forma celebramos tu no cumpleaños, pero sí brindamos a la salud de tu memoria, tan saludable, con un macallan añejo que nos habría estirado la charla hasta el alba, aunque ponerte al día nos heriría la sonrisa y la broma que son la rendija desesperada para huir de una actualidad en la que poco o nada te has perdido, salvo este otoño que viene raro y luminoso para que lo apresara tu paleta y tus lienzos, otoño de calores inéditos y desconcertantes, pero que seguirá pidiendo lumbre cuando al anochecer baje del monte un relente que arricia ordenando un «arímate pacá, cordera». También es cierto que en estos dos años el fuego, con mordisco voraz y veloz, te ha robado rincones y paisajes que ya sólo verdean en tus cuadros a los que asomamos para ver tu mirada viva y sentir en ellos tu bondad y la paciencia preciosista del que huye del brochazo urgido para recrearse en el primor detallista que nace del agudo pincel de pelo de marta cibelina con el que fotografiabas esta tierra tonalizándola de sentimiento, renaturalizándola allí donde le hicieron perder su inocencia, recreándola donde la roban con alevosía, imaginándola si era necesario... Di tú que la naturaleza es terca, bien lo sabes, y vuelve allí donde se queda vacía del hombre blanco, así que no hay mal que por bien no venga en esto de la despoblación. No ocurre lo mismo cuando la cosa y la ciudad se superpueblan e infectan, cuando las turbas turísticas todo lo copan y enguarran, cuando convierten al emigrante en arma de espoleta retardada, cuando Trump se repuebla con bombas, cuando los buitres desahucian a ancianas, cuando la inteligencia natural vale una mierda, cuando el clima devora toda fe y no a quienes lo niegan, cuando ya no hay más dios que el dinero ni más horizonte que el «yo, primero»... de modo que con este burdo resumen de este tiempo tan agitado comprenderás, aunque no te consuele, que no hay nada por aquí que te duela haber perdido, salvo el cariño que por ti no deja de crecernos añorándote tanto y tanto, querido Seve.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

LA MEJOR ENSALADA PARA ESTE OTOÑO (Por Luisín Carrizo)

Receta que envía Luis Carrizo a Juan Manuel "Manolón", aconsejándole la forma de aliñar la mejor Ensalada. La comparte con todos nosotros.

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Te detallo, querido Manolo, tal como me pediste hace un rato, las cuatro personas que se precisan para confeccionar una buena ensalada (no te extrañes los precios desmesurados que aparecen en las cartas de los restaurantes por cuatro hojas de lechuga y dos trozos de tomate: el sobrecoste viene dado por la mano de obra). 


Estos son los especialistas necesarios:


Un pródigo para el aceite, un avaro para el vinagre, un prudente para la sal y un tonto para removerla.


Esto dice la voz popular. Aunque yo añadiría otro tonto para escurrirla antes de comenzar con las apariciones descritas, porque en demasiadas ocasiones -cosa que detesto como no te puedes ni imaginar- te presentan la lechuga y el tomate flotando en un charco de agua. En esos casos, si yo fuese un comensal-analista de la Guía Michelín, escribiría en mi informe: "La ensalada, de puta pena". Si bien es cierto que esa anotación, escrita en francés, resulta, obviamente, mucho menos brutal.


Siempre a tu disposición para lo que gustes. Como decía José Luis López Vázquez en Atraco a las tres: "Un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo".


Un gran abrazo. Luis


domingo, 20 de septiembre de 2026

LOS DOMINICOS SE DESPIDEN DE LAS CALDAS

He estado en infinidad de iglesias, pero aquí noto algo especial, hay algo más, algo que te llena» Francisco García Ortega Prior de Las Caldas

 

«Es una pena que pueda perderse la devoción que tiene la gente del entorno a la Virgen del Besaya» Fernando Serrano Pérez Dominico de Las Caldas

 

 


Nacho Cavia

20/09/2026 a las 02:00h.




En el año del Señor de 1604, el Concejo de Barros pidió a los dominicos de Santillana del Mar que se hicieran cargo de la ermita de la Virgen de Las Caldas con el objeto de promover su devoción y atender adecuadamente el culto. La petición fue ratificada por el arzobispado de Burgos el 8 de abril de 1606. Era entonces una modesta capilla a la que se adosaba una residencia para tres o cuatro personas en condiciones muy precarias, completado todo ello con una pequeña hospedería para albergar peregrinos y transeúntes. El centro de todo el edificio era ya la imagen del siglo XIII o XIV que aún hoy se venera en Las Caldas, y su devoción el motor que permitió la construcción del actual monasterio en 1712, Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento desde marzo de 2002. 422 años más tarde, los dominicos entregarán las llaves del santuario al Obispado.


La despedida se producirá tras una última santa misa que se oficiará hoy a las 12.30 horas. Una noticia que ha causado un hondo pesar en los habitantes de toda la cuenca del Besaya. En el orden religioso por albergar ese Santuario la patrona de la comarca y en el social por lo que supone dejar a la divina providencia ese monumental conjunto arquitectónico.


En la residencia del santuario ya solo quedan dos dominicos. El prior, padre Francisco García Ortega, campurriano de 74 años que llegó hace siete desde Granada, y el padre Fernando Serrano Pérez, de 84, procedente del barrio Covadonga hace seis años. Con la despedida en mente, Francisco reconoce que cada día, cuando pasa por la antigua portería de hierro, la vista se le va a las palabras que la presiden, ‘Casa de la Virgen’. «Durante siglos hemos sido los que hemos cuidado de Ella, siendo conscientes, al mismo tiempo, de que es Ella la que estaba cuidando de nosotros». Ha estado en infinidad de iglesia, santuarios, conventos, «pero aquí –explicaba estos días– siento una alegría profunda, notas algo especial. Aquí hay algo más, algo que te llena».


Fernando Serrano Pérez no siente tanto «apego» por su estrecha relación con su destino en el barrio Covadonga, pero sí lamenta «que pueda perderse la devoción que tiene la gente de este entorno a la Virgen de las Caldas» y el final de una etapa histórica «que será más que difícil que tenga continuidad». Más cuando las vocaciones no abundan. Pero sonríe para reconocer también que Las Caldas «nos ha marcado a cuantos hemos pasado por aquí, así que es despedirse de un lugar común, cercano». Francisco remata ahondando en esa idea: «Cuando estaba fuera de aquí, el rememorar el himno de la Virgen de las Caldas me conmovía profundamente».


Ambos sabían que al santuario le quedaba poco. Ha sido algo así como una cuenta atrás desde que ha ido perdiendo efectivos uno a uno. A los dos les habían comunicado que no habría relevo y que con ellos terminaba la historia centenaria de los dominicos en el valle.


A partir de hoy el templo seguirá abriéndose al culto con los sacerdotes que designe el Obispado, si eso es posible. Incluso no descartan que las llaves se las entreguen en mano al propio Arturo Ros Murgadas tras la última misa, a las 12.30 horas. Lo de la residencia es aún más complicado. Los dos coinciden en que las posibilidades de futuro son tantas como difícil será encontrarle un destino al egregio conjunto arquitectónico. Un lugar ideal para «un retiro espiritual», apunta Francisco.

Hacia Oviedo y Andalucía.


Los dos saben ya por experiencia lo que es cerrar un centro así, y los dos lo lamentan. Por el cariz espiritual que tiene un templo que alberga a la patrona del Besaya y por lo que significa para la orden ir perdiendo presencia en toda la geografía nacional. «Siento mucha tristeza por lo que tiene abandonar el templo de Nuestra Señora del Besaya y una residencia que albergó las históricas aulas de Filosofía, por donde han pasado prácticamente todos los dominicos de la provincia de España», asegura el padre Francisco. De hecho, los dos iniciaron su periplo dominico en esas aulas de Filosofía de Las Caldas. Y los dos son viajeros impenitentes. Uno, Francisco, estuvo más de 20 años en Puerto Rico, y el otro, Fernando, en la República Dominicana. Eso, además de los distintos destinos nacionales.


Ahora vuelven a moverse, y a los dos también les une el querer nuevos destinos con más actividad. Francisco irá a Oviedo y Fernando ha solicitado Andalucía. «Han sido siete años muy tranquilos, un destino muy distinto de los anteriores, apartado, si lo comparo con Granada». Fernando no puede evitar reconocer que «no he tenido mucho trabajo pastoral teniendo en cuenta que yo venía de una experiencia muy distinta, con mucha actividad en la parroquia del barrio Covadonga».


Poco a poco han ido haciendo el petate. «Estamos acostumbrados. Hay que aceptar la mudanza, cargar con cajas, con libros, con recuerdos, que son los que más pesan». Lo cierto es que también ha sido una cuenta atrás, aunque mucho más lenta, cuando se habla de los devotos de Las Caldas.


Feligreses les han ido llegando en este tiempo especialmente del cercano balneario de aguas termales del pueblo, de Los Corrales, de San Felices y de Torrelavega, unos 300 a la semana, calculan. Significativo es el número de enlaces matrimoniales, sobre todo cuando en las últimas décadas han pasado de 12 al mes a 12 al año «si hay suerte».

 

 

https://www.eldiariomontanes.es/region/besaya/dominicos-despiden-caldas-20260920074400-nt.html

 


EN CASA DE MANOLÓN, CONCHITA y MARTA

Fuimos a su casa de Valencia de Don Juan con la intención de pasar un ratín con ellos. Manolo nos pide que vayamos a verlos cada vez que nos encontramos.

La realidad se "resumió" en que el "ratin" se convirtió en un "ratón", nos invitaron a comer, con una tortilla de patata para Alberto, a tomar los dulces y el té. Y nos trajimos a casa una jaula de frutas, ciruelas, manzanas, peras, uvas, membrillos, unas botellas de sidra, etc.

Si existe la señora generosidad, en esa familia la podréis encontrar.

Qué gran suerte tener un compañero de infancia tan entrañable y unos eternos amigos en la madurez.

Nuestros hijos queridos Marta y Alberto nos unen muy íntimamente.

Alberto llevó a Manolón un dibujo y una dedicatoria. Grabé el momento en que Alberto se la lee.

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Aquí os dejo el resumen que me hace Manotón del día que hemos pasado juntos.

QUÉ GRAN DÍA!
Quedamos n’aguando pa que llueu allegue utru igual.
Y col mió neñu al lau!
Y besín peqeñu que valga por tres!



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