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viernes, 8 de mayo de 2026
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1 comentario:
¡Jajajá!, pues pienso que Eladio Chávarri, el nunca bien ponderado genio (al menos, para Baldo y para mí sí que lo es), nunca diría eso de "últimos remates" referido a un sistema que concibe el hombre como ser inacabado a lo largo de toda su intrahistoria y que, tras emanciparse de los ecosistemas, emprende su propio camino de mejora a base de ir incorporando valores y más valores, los cuales nunca podrán recibir un último remate.¿Razón? Por un lado, los valores son inagotables, pues siempre quedan ahí miles de seres que no asimilaremos en las relaciones valorativas que establecemos con ellos, y, por otro, cada valor es suceptible de recibir incontables mejoras en cuanto a su propia entidad. Las cosas son así, nos han hecho así al ponernos en un camino de peregrinación cuyo santuario de destino está en el más allá, en la Jerusalén celestial, santuario que solo alcanzaremos cuando nuestra propia realidad, que engloba toda la realidad cósmica, se escriba en otra clave, la clave de la parusía. Qué duda cabe, bien está ese "último remate" de la basílica sepulcro que tanto admiramos, reflejado en la fotografía de esta entrada, sobre todo tras los esclarecimientos o iluminanaciones que sobre él ha proyectado Isidro, pero aún quedaremos con las ganas de más, de mucho más, al estilo eladiano, esperando su último perfil o remate, el de ser sepulcro "glorioso", trono de exaltación de sus protagonistas (una virgen asaeteada y un cristo muerto) y también el de cuantos, refugiándose en su cálida penumbra, añaden a su historia su propia biografía de dolor en forma de piadosa devoción y oración. Gracias, querido Furriel, por estos sabrosos encuentros virtuales en la Virgen, pues, a falta de pan, buenas son tortas.
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