DIARIO DE LEÓN 3 DE ABRIL 2026
Si en mi infancia me cupo alguna procesión de mirón de acera o el privilegio de verlas desde el balcón principal del casón del Hospicio cuando sólo había unas pocas y únicamente seis cofradías, en toda mi adolescencia y juventud de colegio o convento desapareció todo ese rito ruidoso y procesional, papón y militarote, bullicioso y ostentóreo, tan de fe paisana con vela llorando cera por la mano abajo en oración muda, como de poses bien hipócritas en señorones de panza y fe carbonera revolando la capa y reluciendo categoría con báculo de plata. En todo ese bachiller y después estudiantado (ocho años) la cosa era bien otra con unas Semanas Santas que nos significaban una mayor intensidad vital, primaveral y litúrgica, una Pasión de celebración continua y diría que un tiempo recogido con arrebato casi místico en el que todo llevaba a ahondar en la fe escenificando el misterio y entrándole a su significado. Intensidad, eso era. Y sobre todo, explosión musical, coro, escolanía, amplio repertorio clásico y polifónico, ecos viejos y rito conciliar en escenario vanguardista, el santuario de la Virgen del Camino con frailes de capa negra que en Pascua se la desprendían para quedarse en blanco nuclear y jubiloso, aleluya. Todo impecable. Llevábamos ensayándolo en la escolanía los tres últimos meses. Y un Vitoria polifónico armonizaba la angustia de la Pasión igual que Haendel estallaba en alborozo pascual... y siempre en la memoria aquellas Tinieblas del Viernes Santo de limpia teatralidad y velones que se iban apagando bajo el abovedado canto griego del «Agios o Theos, Agios Ischyros, Agios o Athanatos, eleison imas» de eco armenio-bizantino. Y ver todo aquello después en Caleruega y Silos, con su geométrica pulcritud benedictina y gregoriana, elevaba el espíritu sin esfuerzos. Era otra cosa. Y ya no volvería a verla al regresar al siglo, a lo civil, ya estrenando los 70 en un León que perdía puja y turra cofrade, pero que dos décadas después revivía en un festival de cofradías inventadas y vanidades tridentinas, algo con lo que difícilmente podría identificarme (me espanta) por más «identitario» que me vendan hoy ese tiberio, ¡tanto tiberio!...
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1 comentario:
Me parece tremendo este Pedro que hoy, sobrepasado o desbordado, hace vibrar aquellas Semanas Santas tan de otro tiempo y que, sin embargo, perduran en el nuestro, aunque sea de otra manera. Sin duda, la Semana Santa siempre ha sido y sigue siendo, sobre todo en España, un tiempo muy especial, punto de inflexión de caídas libres para remontar raudos, de búsqueda de la clave para nuclearizar la conducta macilenta con efluvios primaverales. ¿Habrán visto ayer las impresionantes procesiones de Sevilla o Valladolid, aunque en ellas tantos se muestren como pavos reales que dejan ver los ejércitos de piojos que pueblan su plumaje, los audaces astronautas a punto casi de tocar la luna con sus dedos? Puede que sí, pero, en todo caso, ya han dejado testimonio de que los humanos que habitamos la pequeña bolita que, en su perspectiva, es la tierra, somos todos "homo sapiens", como diciendo que nadie tiene derecho a armarla aquí como la están armando. Desde la soledad de mi mundo, tan despreocupado ya de solemnidades, me gusta ver la gente explotando en llantos y aleluyas y prometiendo bonitas cosas que seguramente habrán olvidado antes incluso de retornar a casa. De todos modos, inmerso como ando en Chávarri, me preocupa que lo religioso vuelva a acaparar, aunque solo sea durante una semana, la atención de tantos que ni siquiera tienen resueltas las cosas del comer. Eso sí, caminando pasito a paso hasta el "Everest" que celebraremos mañana, tan panorámico casi como la cápsula espacial, desde la que, colocándonos a cada uno en su lugar, nos ven como hormigas laboriosas en el mejor de los casos o, en el peor, como lo que realmente somos, como virus que devoran la tierra. ¡Ojalá que mañana sea realmente punto de inflexión y que descubramos la clave o piedra filosofal, otrora tan buscada, para ir, poquito a poco, transformando cada contravalor en valor y para agrandar el cuerpo y la hermosura de cada valor que alimenta y embellece nuestra vida!
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