Ramón hace un meritorio enfoque holístico de la fotografía.
Yo me centro exclusivamente en la moto que aparece en primer término. La reconocí de inmediato, a pesar de la baja calidad con que aparece.
Se trata de una Derbi 95cc.
Y os preguntareis: ¿A qué coj. viene esto ahora? Si leéis hasta el final, os garantizo una auténtica sorpresa.
Allá, a principios de los 60, las obras del Santuario de la Virgen del Camino, amenazaban con eternizarse tanto como las misas del Padre Cura.
Pero la construcción no dependía solo de la fe y de las excelentes personas que estaban al frente de aquel magno proyecto (Aquí recomiendo leer “Enclave de misterios”).
Los peones de albañil, entre los que Ramón desearía estar incluido, eran más que esenciales para finalizar tan magna construcción.
¿Y quién era el capataz de esta tropa, que ejercía con más autoridad que Merer cuando se construyeron las Pirámides?
¡PACHU EL FACENDUSU, tíu carnal de nuestru entrañable compañeru Valdés¡
Pachu nun yera un capataz de tres al cuartu.
Había nacío en LA GRAN ALDEONA (CASORVIDA), un lugar tan empinau que, según él, les vaques tenían dos pates más cortes para nun volcar.
Y ahora enlazo con la foto. Para su gran misión en la Virgen, necesitaba una montura apropiá, que’i permitiera atravesar el puertu sin complicaciones.
Pensó comprai el burru a Xosefa Xuacu. Un buen burru, por cierto. Probolu y paecioi algo lentu. Así que volvió a pensalo: Ni una Harley, ni una Vespa de ciudad... necesitaba una máquina de guerra de la posguerra española.
¡Ahí la tienes en la foto!, recubierta del polvo sagrado de la construcción. ¡Una Derbi 95cc!, que en Casorvía llamaban’i "La Volaora" porque, si cogías mucha velocidad en bajada, sentías que ascendías a los cielos antes de tiempu.
Pero esa Derbi nun traía planos, ni ferramientes de precisión. Traía algo mucho más vital para el espíritu de la obra.
Fíjaos bien en el portabultos traseru. ¿Ves esi bultu sospechosu sobre la rueda? Eso, mi querido Valdés, nun yera equipaje de la Renfe.
Yera una ristra de chorizos caseros de Casorvía, a
Una ristra tan llarga que, cuando Pachu frenaba, los chorizos daban’i palmaes na espalda pa animarlu a seguir.
Dícese que cuando el Padre Coello se quejaba de la falta de grues pa les vigues de acero, Pachu cortaba dos rodajes de chorizu, dabailes a los obreros más fuertes y, ¡pum!, les vigues levantabanse soles.
Esos chorizos tenían más caloríes que una central térmica y más fe que todo el seminario dominicano junto.
El Santuario de la Virgen del Camino se sostiene hoy en día gracias a la piedra, el cemento... y el "combustible" que traía Pachu el Facendusu desde la Aldeona asturiana en su fiel Derbi.
Así que, Valdés, mi queridu Valdés, la próxima vez que veas esa torre de hormigón y esa impresionante fachada, recuerda: Allí, a sus pies, descansaba "LA VOLAORA", y en su grupa, la ristra de chorizos que, indirectamente, obró el milagru de la construcción.
¡Todo queda en familia!
¡Y LEED “ENCLAVE DE MISTERIOS”, COÑO!

4 comentarios:
En ella, querido Furriel, tan orondo y lirondo tras cincuenta años de amor, mi penuria intelectual no me deja ver otra cosa que el proyecto en marcha de algo digno, en el que cada opeario se afana por hacer bien su trabajo. Remedo, sin duda, de la vida misma, esa que tanto nos jalea y vapulea en su azaroso caminar hacia la siempre anhelada perfección o plenitud. De todos es bien sabido que Eladio Chávarri nos concibe (me refiero al ser humano) como seres que nacen a medio hacer y que se pasan la vida batallando por su plenitud, cosa que sabiamente no podemos alcanzar a lo largo de nuestros días porque hacerlo acarrea inevitablemente la muerte. Es decir, que no podemos ser plenos o perfectos en este mundo, cosa que colapsaría de suyo la vida como flagrante contradicción. Pero en fin, esa construcción, la del Santuario, se consumó al fin y pasó a ser mero escalón de nuestras vidas y de la de tantos otros que allí se acercan o en él piensan. ¿Acaso no es placentero pararse ante una obra para ver cómo se mueve su personal y el trabajo progresa lentamente? Yo lo hago cuando voy por la calle y v eo obras e incluso me paro un poco en Facebook cuando de ello va el reportaje. Comenzamos hoy una nueva semana y nos toca trabajar, aunque hayamos dejado muy atrás los ochenta, pues la vida nos pide que vayamos siempre a más y mejores valores. Dicho lo dicho, disculpad que esta mañana, cuando en Asturias parece que al fin comienza la primavera o incluso el verano, este "abuelo" se haya vuelto un tanto turulato, sobre todo si os digo que me encantaría que esa foto se hubiera hecho esta misma mañana y yo estuviera en ella trabajando como peón de albañil (¡joder, qué egoísmo el mío al pretender que me quiten de golpe cincuenta años de encima, jajajá!).
Amigo Juan, lo más importante para mí es ese recuerdo que me manifiestas. Los sucesos pasan, los recuerdos quedan y ahí estamos nosotros de forma bidireccional. Sé que tú, desde que tú Conchita fue profe de la escuela de la Aldeona, estás prendado de ella, de la una y de la otra. Si no la hubiesen cerrado, la escuela, quizás tú y yo, ahora, seríamos los barones de tan privilegiado lugar; podríamos incluso, estar iniciando el proceso de emparejamiento de nieta y nietos.
Volviendo a la foto, es verdad que Ramón hace, como tú dices, un enfoque holístico (¿qué será?), tú, más empirista, analizas las partes, no hay todo sin sus partes, aunque, según me enseñaron, el todo es mayor que las partes que lo integran. Es posible que el Santuario sin la "amoto" no existiere. Pachu, el maestro constructor, no habría podido dirigir la obra sin la máquinona. Es verdad que cuando Pachu salía de casa iba cargado de chorizos, de ellos comimos más tarde los que por allí pasamos. Los dejó en un escondite al que acudíamos aquellas tardes ventosas a la hora de la merienda. ¿Ande quedaron aquellas tardes y aquellos tiempos? Menos mal que aún la memoria nos sirve para algo. En esos recuerdos están el Santuario, la Voladora, los chorizos, cientos de compañeros incluso amigos y, en particular, tú, amigo Juan, el de San Feliz.
Qué sepas que la Voladora fue sustituida por un artilugio más veloz y moderno conocido como " LA CARREÑA".
Muchos abrazos, incluso más cálidos.
Está bien, Manolo, que nos aconsejes leer "ENCLAVE DE MISTERIOS" (a algunos, releer), pero creo que deberías sugerir al tu Cicero que en la próxima edición incluya el misterio de la Derbi. Este misterio estaba sin desvelar y, por lo que nos cuentas, su aportación a la magna obra fue fundamental. Habrá que escudriñar con renovada atención puertas y vidrieras, no vaya a ser que aparezcan solapados por algún rincón unos trazos que tengan forma de motocicleta. O de chorizo, que holísticamente debe de ser lo mismo.
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