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17 comentarios:
Fantástica fotografía, Josemari. ¿De dónde las sacas? Pertenece sin duda a la primera generación de fotógrafos de la Paramera. La que podríamos denominar "Generación del Asombro". ¿Rasgos definibles de aquellos primeros años?: "No me acabo de creer esto que veo", el primero. Y, segundo: "No me acabo de explicar dónde está la gracia". Tan simple, tan elemental, ¿cuál es el secreto? "Te pones a ver y no tiene más que rectas".
Que no tenían más que rectas, era el mismo comentario que se solía decir entonces en las playas del norte cuando se "paleaba" a las primeras suecas: "Huesos y rectas". "Palear" era típicamente norteño, no sé cómo se llamaba en otras latitudes aquel morbo voyerista, pero el rollo de las rectas sobrias, largas, armónicas y bien puestas tenía un encanto fascinante.
Que esta fotografía pertenece a la Generación del Asombro lo evidencia la enanez de los arbolucos, aún adolescentes tiernos. Los arbolines en la foto dejan ver el bosque, las rectas desnudas, el baño nudista del hormigón en el mar de luz. Míralos hoy,.Hoy tienen protagonismo. visten , revisten, cubren. No digo que esté mal lo de los árboles, ninguna dendrofobia anima este comentario mío, pero los árboles que empezaron siendo infantiles en nuestros tiempos, tapan ahora el cuerpo inocente del principio, que vino a nosotros puro y desnudo de inocencia y lo amamos como niños. Pura poesía desnuda juanramoniana.
En la imagen, el fotógrafo se las ingenia para rodear de magia el centro de su disparo y a éste, llenarlo de luz. Los doce grandes gigantes y la mujer a la que rodean danzan ante los focos del teatro, se acaba de levantar el telón de la ciclópea caja de marionetas. No acaba de cuadrar lo que se ve. Es asombroso.
Ese Anónimo soy yo. Un primerizo.
Ignoro la razón, pero yo tenía perfectamente identificado ese anónimo, Isidro. Sería seguramente por la maestría, la misma que la de la foto, tan pulcra y austera de color que brilla, tan bien enfocada que le saca todo el jugo nada menos que a lo blanco, lo negro y los gris. Todo un lujo para los ojos que se vuelve bálsamo para el corazón y luminosidad para la cabeza. Merece la pena detenerse ante ella más de una vez, porque, cada vez que se mira, uno gana algo, de tal manera que a estas horas yo ya me siento rico. Gracias, Furriel, por compartir tan bello tesoro.
Lo que me llama la atención es que una persona madura como Isidro se cambie el nombre por el de ANÓNIMO, no sé los motivos. En cuanto a lo que escribes se nota que alguna experiencia y conocimiento tiene, igual que le pasa al no anónimo Ramón. ¿Qué decir del Santuario? Qué es Unum, Verum et Pulcrum, además de largo y ancho. La torre a mí no me llama la atención porque la Basílica de Casorvida la tiene más alta y esbelta.
Qué hace calor, pues agua y ajo.
Abrazos calurosos.
No suele pasarme tanto como a Luis Heredia, que como es más joven y está más preparado, es posible que tenga más distracciones. Aquí ocurrió que pinché enviar sin comprobar que no había seleccionado mi perfil. Hay que hacerlo. Si no, por defecto te sale Anónimo. Yo quería que saliera el Nombre/URL de Google. Por defecto sale también siempre que Casorvida es lo que es y que Ramón reacciona siempre, y siempre tiene una palabra amable para mi. Lo agradezco mucho. Que paséis los dos un agosto bonum y pulcrum. Y si no pué ser unum, que sean dos. Un abrazo.
Lo que dices es bonum, Pulcrum et plus que suficientum. Otro abrazo gordo.
Viendo esta foto me da la sensación de que los apóstoles, que deberían estar hieráticos en los bronces eternos donde los pusieron Subirachs y Coello, se han bajado de sus pedestales y están departiendo amistosamente entre ellos al final de la tarde, cuando el sol ya les llega desde Astorga.
Tienes buen ojo, Lalo. Es eso. La luz de Astorga los menea; crea entre ellos una conversación que los deshieratiza. La que yo decía, caja de marionetas. Pero tú lo has explicado mejor.
No es la primera vez que en este cultivado blog se escribe sobre la dialéctica de las curvas y las rectas a propósito del santuario del geometra Coello. Lo que yo encuentro novedoso en este caso es que Cicero meta por medio a las suecas, abriendo el nuevo melón de la erótica de las rectas, que ya le manda -como suele exclamar de tanto en tanto el preclaro escritor levaniego- porque yo siempre pensé que lo erótico de las suecas eran sus curvas. Quizá mis pedestres "asombros" me hacían ver gigantas donde solo había molinos.
Pero lo que verdaderamente no entiendo es que Pitu, siempre atento a la línea de la que no debe desviarse la verdad, no se haya dignado dar su autorizada opinión sobre el particular. No me extrañaría que no haya querido entrar a tan rastrero trapo, sabiendo que, desde su olimpo casorvidense, estará pensando con Nicolás de Cusa que, a fin de cuentas, la curva tiende a confundirse con la recta cuando se proyecta al infinito. Donde precisamente él está instalado.
Y Cicero también.
Esperaba tu punto de vista, Carrizo, pero no creía que llegara por el lado de las rectas. Las rectasa a algunos siempre nos parecieron apetitosas, fueran de hormigón, musculosidades tersas o puras nervaturas; para curvos ya estábamos nosotros.
No te esperaba en las rectas, el cepo te lo tenía tendido en el verbo "palear". De uso frecuente aquí en el norte, pensé que la actividad veraniega y playera que indica, te provocaría algún comentario. Máxime, que "palear" ha sido siempre, moralmente, una viciosidad discutible.
Joder con los intelectuales, no hacen más que plantear movidas que exigen destripar las pocas neuronas que a uno le quedan.
Si es verdad que Dios es todo en el todo y no es, sin embargo, nada en el todo, cabe pensar que las curvas y las rectas no son otra cosa que inventos morbosos de los humanos para explicar sus problemas carnales. A las suecas, amigo Isidro, no sé las "palesba", se las "peleaba y deseaba". Aún recuerdo aquello que se decía de las suecas, que en Suecia pasaban menos frío que en España, porque allí estaban bajo cero y aquí bajo uno. Deus meus, quare me dereliquisti. Incitáis y luego uno comete excesos.
Amigo Luis, en Casorvida Nicolás de Cusa se daba en primero de primaria por eso todos salimos con nota en DOCTA IGNORANTIA.
Reconocemos la propia ignorancia sabiendo que este reconocimiento no implica que se llegue a conocer aquello que se ignora, pero supone un paso en tal dirección. También sabemos, y eso no es altivez, que el reconocimiento de la ignorancia es una ignorancia instruida, docta. Sabiendo que no sabemos, somos doctos, y esto es una cualidad que nos brinda el éxito cuando con suecas "paleamos". Mira el docto Isidro, bien puesto en "suecología".
Y, por favor, no me incitéis con suecas que me excito.
Abrazos muy cálidos.
Aun sin vela en este entierro, digamos que a los rectilíneos como yo nos disparan y vamos flechados hasta la diana prefijada. Lo de las curvas, a mi edad, me parece misterioso y hasta me da miedo por reminiscencias infantiles de aquello que llamábamos, elongando la cosa, "esconderelite" (esconderite o escondite). Lo de las suecas, por su parte, me suena a monjas a tenor del lenguaje cuasi tabernario cuando, en partidas de cartas, al quejarse uno de no tener nada (juegos sin poder hacer ni una sola baza), he oído muchas veces la respuesta: "¡pues métete a monja!", jajajá, pero ahora, vaya uno a saber con lo de la puta pederastia. Y puede que me suene todavía más duro lo del "palear" de Isidro, bendito sea este simpar descubridor de tesoros, porque, como si al bocablo se le fuera toda la fuerza por la boca, en mi caso la "pala" connota y convoca aquello de "te ganarás el pan a base de pico y pala", si bien resulta hermoso ver a un tipo bien hecho contorneándose, por ejemplo, para cargar con ella un camión de arena. Quizá sea que guardo viva la imagen de mi propio padre haciéndolo cuando, mientras una palada se expandía por la caja del camión y otra estaba ya en el aire, una tercera pedía permiso para emprender el vuelo. Eso sí que era desenvoltura y salero. Por lo demás, celebro hilarante los "molinos" de Luis Carrizo y el "me dereliquisti" del otro simpar provocador de sonrisas y hasta de carcajadas, de JM. En fin, apago ya la vela que os he robado pidiéndoos disculpas por el atrevimiento.
Esto va bien. Trece entradas en pleno mes de agosto. Ya nos vamos a tiempos pasados.
Buen verano, saludos.
Lamento haber defraudado tus expectativas, amigo Cicero. Ese término, "palear", me llamó la atención, cómo no; no lo había oído en mi vida, pero se ve que, a pesar de su significado y de su contexto, no me incitó.
Me parece que, salvo al Pitu, los calores de este tórrido verano amatan toda concupiscencia.
Novelista nato o esculpido con primor, Isidro. Embelesado, me habría gustado que te hubieras extendido por lo menos dos páginas más y más ahora, cuando vivo una rigurosa cuaresma, ayuna de novelas, pues Chávarri, Religión Digital y, sobre todo, una biografía "individual, grupal y específica", ya en ruta, me tienen sorbido el seso (así, sin falta ortográfica) y racionalizado el tiempo. Gracias por tan sabrosos minutos, que nos ofreces como aperitivo o minutos que nos ofreces como sabroso apertivo. En Mogarraz, la paja, jajajá, nos la traían del campo charro en grandes carros, primero, y, luego, en voluminosos camiones.
Querido Cícero:
Antes de que alguna mente calenturienta cargue la autoría al SERÁFICO CASORVIDENSE, confieso mi delito. Yo te conté el chiste por teléfono y tú, MAESTRO DE LA PALABRA , has hecho lo que hacen los grandes escritores: convertir una conversación de dos jubiletas en una pieza de arqueología antropológica.
Yo solo pretendía contar un chiste y tú has acabado hablando de las suecas, de los hormigones desnudos, de los cipreses, de los pinos, de Sierrapando, de Bélgica, de Alice, del Nouvel Observateur y, por supuesto, de la autoridad moral del Vaticano sobre la píldora.
¡Menos mal que el chiste era corto!
Lo verdaderamente preocupante es que, después de leerte, empiezo a sospechar que aquella conversación telefónica no la tuvimos tú y yo, sino dos supervivientes de la prehistoria sexual española (SAMA, SAMA, espero que te queden munchos siglos de TOSTAERU en esi purgatoriu inventau por la rama mas fecunda de la literatura fantástica).
Prubitinos de nosotros que salimos del Colegio Apostólico contemplando con estupor que en el mundo exterior había suecas, belgas y hasta métodos anticonceptivos.
Lo de Tista quitándose el condón después de una semana “porque ya nun lu aguanto más” ye
una metáfora perfecta de nuestra generación: nos pasamos media juventud aprendiendo lo que no se podía hacer y la otra media intentando recordar por qué.
Y ahora comprendo tu frase final: “Nosotros, todavía no… Bueno, algunos de nosotros”.
¡Cuidado, Cícero!. Esa frase, después de todo lo que has contado, tiene más peligro que el propio chiste.
En cualquier caso, te agradezco que hayas elevado mi modesta aportación telefónica a categoría literaria. La próxima vez que te llame, me limitaré a preguntarte qué tiempo hace. Aunque, conociéndote, acabarás haciendo una tesis doctoral sobre los anticiclones de las Azores.
Un abrazo, compañero de aquellos tiempos en que hasta los hormigones tenían menos vegetación que nosotros.
Yo en todo esto intuyo un contubernio isidromanólicoyramónico, lo teníais preparado, uno, el mogarreños, hace exégesis de las durezas de la pilule, el otro hace literatura de las protuberancias suecas y el otro, Juan, hace filosofía aristotelicosamista de todo ello. Para la próxima avisáis para preparar algo que esté a la altura. Lo vuestro es FALSA modestia, vosotros, además de juntar palabras, cosa mía, escribís dando sentido a lo que expresáis. Juan, tu citas a Sama, yo citaría al P. Ricardo que tantas poluciones nocturnas perdonó.
Yo me lo puse pero ya no me lo pongo.
Abrazos preservados.
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