martes, 26 de mayo de 2026

EL MISTERIO DE LA "DERBI 69" (Por Lalo F. Mayo)

Ante la masiva petición recibida en esta Furrielería instándome  a requerir de Manolón para que descifre el misterio de la Derbi 69 que aparece en la fotografía de la portada que publiqué en el blog el pasado día 18 bajo el título de "SORPRENDENTE FOTOGRAFÍA ¨LA VOLAORA", y la insistencia de Luis Carrizo que está en un sinvivir, se nos adelanta el     querido Lalo F. Mayo "el grande" descubriendo la purita realidad. Aquí os dejo "su" verdadera historia de la Derbi 69.

¿Será ésta la auténtica historia? ¿Derbi 69? ¿Gucci 65?

El Furriel

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Muy buenas, mi querido primu asturianu. Ya sabes, yo, como buen llionés, de los asturianus considérome primu hermanu. Y más tras haber respirado durante seis años el mismo aire (fresco o muy fresco, qué te digo que no sepas) de aquella paramera que tanto ha dado que hablar y aún más de escribir.

Podría decirte aquí, como disculpa, que el motivo de este extemporáneo mensaje que te llega desde este sur ya tan caluroso en el que me hallo es por interesarme por el recorrido de «Justo a tiempo» el libro (primero, espero que de una larga lista) de Paula. 

Eso tambien, claro. Pero además, y en aras de la ortodoxia informativa, eso que ya casi no queda en este mundo, quisiera aclarar aquí que no, que no es una Derbi 69 la moto aparcada en lo alto de las escalinatas del santuario, sino una no menos histórica Gucci 65. Roja o negra, algo que la foto en blanco y negro no puede declarar, pero que así será porque de la fábrica solo salían con esos dos colores. Por mi pueblo las llevaban los albañiles (o maestros de obra, que no sé si el coste del sofisticado aparato estaba al alcance de un simple paleta), aunque hubiera sido más propio que con esos dos colores negro y rojo fuera el arma de trabajo de los tipógrafos, que en mi ciudad, ilustrada y culta donde las había, eran un montón.

No quiero decir con esto que los chorizos casorvidenses del Fecendusu no colaboraran, en tan alto extremo como reseñas, al levantamiento de la maravilla del pCoello que tanto disfrutamos, ¡líbreme la Virgen!, pero lo que quisiera es poner en cuestion —discreta y humildemente— es que Pachu los llevase en una Volaora de marca nacional, sino en una de nacionalidad italiana. 

Son 30 cc los que diferencian una de otra, ademas del carácter propio de la nacionalidad de cada una de ellas, vinculada a su diseño. Seguramente que debido a esa diferencia la moto emplearía algo más de tiempo en cubrir los cien kilómetros que separaban en aquellos días las dos poblaciones, que a una velocidad media de 40 o 50 km/hora, y puertu Paxares cuesta arriba por medio y carreteras como las que en los sesenta separaban Asturias de León, seguramente sumaba sus buenas cuatro o cinco horas, siempre que no hubiera que parar a limpiar una bujía perlada, arreglar un pinchazo o tomarse un necesario refrigerio en Villamanín antes de tirarse a tumba abierta y puerto abajo hacia La Robla. Aquellos choricinos casorvidenses llegarían un poco más curaos al pie de los encofrados de hormigón que se estaban levantando con tanta fe, y sobre todo, gracias a tanta cerveza. (Ojo, cuestión no menor esta de vincular la santa misión del levantamiento de santuario y fundación religiosa a la fabricación y venta de la profana cerveza.

Ha pasado tanto tiempo y nuestra cabeza está tan llenas de datos, que a veces los recuerdos la saturan y ponen el foco en imágenes que, o bien nunca sucedieron, o bien se han disfrazado convenientemente para asentarse más cómodamente entre nuestras neuronas. ¿Es por eso falso lo que guardan? Aunque en estos tiempos de lamentables postverdades habría que decir que no, que para el usuario lo que vale es lo que cree (o dice creer)  que sucedió, que esa es «su» verdad y que, por falsa que sea, la considera tan válida como la objetivamente real; así que, ¿qué le vamos a hacer? 

Al final va a resultar que la verdad se asienta, como tantas otras cosas, en el poder, siempre que este se pueda ejecutar. Lo que no tiene absolutamente nada que ver, he de reconocer, con el asunto que nos ocupa: el de la Derbi 96 o la Gucci 65 y su relación de las ristras de choricines de las laderas que rodean Casorvía; el Pachuque los hacía llegar a la llana Paramera, y las 21 ventanas de la fachada del santuario que cada mañana esperan a que les llegue el sol desde el Este. Porque es seguro que los paletas que abrieron esas luminarias gozaron de esa conexión desconocida que ahora Manolo ha descubierto entre la verde  aldeona y la ocre llanura que tantas veces corrimos.

Pero quede aquí constancia, que es a lo que vamos, de que la verdad que yo veo en esta entrada es que, con chorizos o sin ellos, que eso no se discute, la Volaera no era una castiza Derbi 96, sino una elegante Gucci 65, tal y como demuestro con la foto que envío (y que permite la comparación) de una de aquellas sofisticadas máquinas que, sin duda, hizo evolucionar la proletaria bicicleta.

Salud 
Lalo

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