La torre tiene tres campanas. Coello podía haberlas hecho para ser golpeadas con martillo, pero le gustaba más el sistema de volteo. La campana más gruesa pesa 1.400 kilos y cuando voltea emite la nota fa. La del medio pesa 1.200 kilos y está afinada en la. La más ligera suena en re y pesa una tonelada. Nos lo hizo notar Ezequiel Martín, otro peregrino musicólogo que paso por allí y traía consigo un diapasón. «Tienen que estar afinadas a propósito» —nos dijo—. «El acorde fa-la-re es perfecto para un lugar como este»
.Para encofrar la torre, Coello pensaba colocar andamios, pero el encargado de la obra le pidió que le dejara hacerlo a su manera. El arquitecto accedió, aunque con el alma en vilo. Se encofró la torre desde abajo hacia arriba en tochos de metro y medio y dos metros. Las líneas iban en disminución a medida que se elevaba. «¿Saldrá derecho?»—preguntaba el arquitecto muerto de miedo. «Saldrá». «Me extraña tanto...» «Saldrá como tiene que salir, no se preocupe y crea usted en los milagros».
9 comentarios:
Buena y precisa información tanto la que se refiere a la escala de las notas de las campanas como al ensamblado de los bloques de hormigón. Gracias, Furriel; gracias, Isidro. No me cabe la menor duda de que el volteo en vez del repique da al acto una aire de más profunda y alegre fiesta. Yo, al menos, así lo percibo, seguramente porque me quedó profundamente grabado desde niño con las soberbias campanas de la soberbia torre exenta de Mogarraz. Los días de las fiestas más importantes (por ejemplo, el 5 de agosto, día de la patrona, la Virgen de las Nieves) varios mozos subían a la torre y echaban o lanzaban las campanas al vuelo (así se decía lo del volteo), operación que exigía maña y fuerza al impulsar la cabecera de madera, algo así como si de un columpio se tratara. Todo se hacía entonces, como era natural, a base de fuerza. Los mozos se ufanaban y competían para ver quién las lanzaba con mayor brío, pues, a mayor rapidez, más sonoro e impactante era el golpe del badajo sobre el cuerpo de cada campana. Sin duda, las campanas de nuestras torres llenan un imortante capítulo de la historia que hemos vivido, de la cultura que hemos asimilado.
Sí, cuando aquellas campanas volteaban, la gigante torre de la estrella colorá cobraba una vida y una alegría luminosas de fiesta, de ropa de domingo, de desayuno con chocolate y de ensayo soleado en el estudio con el padre Torrellas antes de la misa mayor.
Aunque… si ese Fa era natural, y las otra dos notas también, el acorde resultante era el de Re menor, con lo que la alegría inherente a los volteos, debió tener también un dejo de melancolía -incluso de elegía- por todo lo que siempre nos faltó en el corazón, a pesar del chocolate de la fiesta, el sonido envolvente y balsámico de la escolanía, los deportes o el cine del domingo.
Quiero recordar hoy sólo la luz de esmalte de aquel cielo leonés poniendo alegre fondo a aquellos volteos. La fugaz alegría -cuándo ésta no es fugaz- que tuvimos allí entre tanta vida.
El comentario anterior es mío, olvidé poner el nombre. Y ya estoy en capilla para mi operación de mañana. Qué mieditis. Recordadme, queridos amigos.
Amigo Vibot, no hacía falta que aclararas lo del "anónimo", pues era obvio que también era tuyo. "Mieditis a la operación de mañana": recuérdame, te lo ruego, de qué se trata para que nosotros podamos tener el mejor recuerdo de ti que nos reclamas. No hace mucho pasé por un trance en el que las palabras gruesas se fueron diluyendo con el tiempo y el buen ánimo, tanto que ni siquiera los venenos consiguientes pueden doblegar. Herido, pero no muerto, ahí me tienes luchando ya con la huerta tras el descalabro invernal que ha sufrido. Si llegas a dudar, piensa que todo lo que te hagan será por tu bien, ese bien que todos te deseamos y que, de estar en nuestras manos, ya sería totalmente tuyo.
La operación salió bien, ya estoy en casa. Y con los cuidados de Juanma las molestias de las dos cicatrices se irán pasando poco a poco. Muchas gracias, Ramón por tus cariñosas palabras personales y de portavoz. Y gracias también a Cicero. Me acompaña vuestra cercanía.
Ramón, han sido dos hernias inguinales recidivas de una operación anterior por laparoscopia. Esta vez me han abierto de verdad en los dos lados. Siento como si me hubieran dado dos navajazos rasgados en el bajo vientre los indios Navajos de aquella películas del cine de los domingos. O hubiera intentado un harakiri… un poco de humor ayuda.
Amigo Vibot, celebro que la peración haya salido como se esperaba, como esperábamos, gracias sean dadas a los cielos. En seguida, esas cicatrices dejarán de ser tales y tú estarás hidratando la zona con aceite de almendras. Luego, los músculos volverán a tensarse y tú volverás a correr como un ironman canario. A mí me ha dado ahora por ingerir veneno a malsalva, tanto que, como vengan mal dadas algún día, convertido como estoy ahora en una especie de almacén de raticidas de Ámazon, comienzo a regurgitarlo y revenderlo para forrarme, jajajá. Hoy estoy que rabio porque llueve y, lógicamente, estoy clavado al ordenador en vez de andar "furacando" la huerta. Buen día, que febrero ya es nuestro y, tras doblegarlo, nos haremos con la primavera.
Nos alegramos de que todo "haiga" salido bien, pero, ¿Te has fijado si cortaron por donde debían? A veces cortan y no preguntan o preguntan tarde. Has de comprobarlo.
Abrazos
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