domingo, 20 de septiembre de 2026

EN CASA DE MANOLÓN, CONCHITA y MARTA

Fuimos a su casa de Valencia de Don Juan con la intención de pasar un ratín con ellos. Manolo nos pide que vayamos a verlos cada vez que nos encontramos.

La realidad se "resumió" en que el "ratin" se convirtió en un "ratón", nos invitaron a comer, con una tortilla de patata para Alberto, a tomar los dulces y el té. Y nos trajimos a casa una jaula de frutas, ciruelas, manzanas, peras, uvas, membrillos, unas botellas de sidra, etc.

Si existe la señora generosidad, en esa familia la podréis encontrar.

Qué gran suerte tener un compañero de infancia tan entrañable y unos eternos amigos en la madurez.

Nuestros hijos queridos Marta y Alberto nos unen muy íntimamente.

Alberto llevó a Manolón un dibujo y una dedicatoria. Grabé el momento en que Alberto se la lee.

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Aquí os dejo el resumen que me hace Manotón del día que hemos pasado juntos.

QUÉ GRAN DÍA!
Quedamos n’aguando pa que llueu allegue utru igual.
Y col mió neñu al lau!
Y besín peqeñu que valga por tres!



5 comentarios:

Ramón Hernández Martín dijo...

Que un ruido de fondo me impida captar con nitidez el mensaje de Ablerto no es óbice para captar en todo su alcance la excepcional belleza emocional de un momento que debemos valorar, creo yo, como sabroso fruto maduro de las relaciones que propicia este grupo, esta familia. Ya ni me acuerdo de cuando aquí mismo ofrecí a los miembros de este grupo mi casa (chabola) de Mieres para una visita o lo que hiciera falta y donde seguramente no faltaría, cuando menos, un vinito en el bar de enfrente. Hermosa costumbre de recibirse y alojarse unos a otros, que vi reglamentada en el proceder rotario y que sé, aunque no la practiqué, que era muy valorada por los que en este ancho mundo nuestro tuvieron la suerte de beneficiarse de ella incluso en países exóticos, como que unos rotarios españoles, pongo por caso, se alojaran tres días en casa de unos rotarios japoneses o viceversa. Y si del grupo pasamos a las circunstancias tan especiales de este caso, miel sobre hojuelas porque ahí sí que las emociones brotan por todos los poros de la piel de los tres o de los seis reunidos, además de por las vitaminas de cada uno de los productos aludidos. Celebro, pues, con alegría un hecho tan hermoso y emotivo, cuyo relato nos embellece y emociona a todos, por lo menos a mí.

Luis Heredia dijo...

¡EMOCIONANTE¡ En tu casa o en la mía o en cualquier sitio donde se sepa que el cariño iluminará más que la estrella colorá será una ocasión para vernos.

Isidro Cicero dijo...

Me lo contó anoche Manolo, querido José Mari. Una suerte y una bendición el encuentro en Valjunco de esas dos familias tan bendecidas. En la Agencia Tributaria de los Valores Humanos, vosotros dos tendríais que desgravaros mucho: son evidentes los signos externos de ternura. Dos familias bendecidas por el cariño de cientos de amigos y ahí lo dejo.
¿Qué puedo decir yo de Manolo que no haya dicho ya? ¿Que no haya escrito ya? Que soy el único que se ha negado más de medio siglo a llamar “Manolón” a mi amigo Manolo. Ya lo conté en otras ocasiones. “Manolón” fue una ocurrencia del padre Cura al principio de los tiempos, en aquellas filas nocturnas. Hasta aquella noche todos le llamábamos Manolo, Xuanín era solo en su pueblo. Pero el Xuanín de San Feliz nos sacaba a todos los demás por lo menos la cabeza. Con el tiempo, las cosas se fueron equilibrando. El padre Cura, por los motivos que fuera, se dirigió a Juan Manuel. “A ver, tú, Manolón…” Y con Manolón se quedó. Para todos, repito, excepto para mí. Y ¿por qué para mí no, mis- queridos-apostólicos?
Pues seguramente porque interpreté mal al padre Cura: suspicacias de niño aldeano, de niño de montaña. En mi pueblo, el “-ón” era un sufijo como en todos los pueblos, pero allí se aplicaba con cierto matiz despectivo: Ramonón, un poco falto; Sidorón, pobre de pedir por las puertas; Constanciona, la más conflictiva…
En Corias hubo previamente otro Manolón, no sé cómo sería de alto. Luego estaban La Gradona, la iglesiona, el Molinón... En fin, retrospectivamente, no veo ya ningún afán disfemístico en el nombre que eligió aquel fraile músico para mi amigo. No todos los aumentativos son peyorativos, no todos son despectivos. Pero, ni aún así, me acostumbro. Es más, creo que el éxito universal del “Manolón” procede de su rima con “corazón”. Resonancia consonante, que se percibe aunque no se vea. La que decíamos: hay personas a las que muchos bendicen.

MANOLO DÍAZ dijo...

Luisin Carrizo, PANDEMISHIJOS, y Blandine estuvieron con nosotros a finales de agosto.
Me envió una foto de uno de mis manzanos sobrecargado de fruta,
Todos sabéis que “tiene el ingenio por castigo”
Se le ocurrió el siguiente pie de foto, con profundas resonancias biblias:
 "Es inutil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, 
Dios lo da a sus amigos mientras duermen".
Leyendo lo que Josemari, Luis Heredia, Cícero y Ramón dicen en sus entradas, vuelvo yo a las resonancias bíblicas y recuerdo aquella frase de Jesús “Os he llamado amigos” (Jn 15:15), elevando la amistad a lo más alto.
Si el mismo Cristo llama “amigos” a los suyos, ¿cómo no ver la amistad como un tesoro?
¡Qué suerte tengo yo con este privilegio!
El blog de Josemari consiguió el milagro de que aquellas amistades infantiles y juveniles, fraguadas en la Paramera hace muchos años, revivieran fortalecidas por la pátina del tiempo.

JOSÉ MANUEL GARCÍA VALDÉS dijo...

Me acabo de llevar una sorpresa, Juan, Juanín pa los amigos, me había prometido una cesta"figos" y, coño, llegó el comandante y mandó a parar, se la llevó él, a joderse. Juan, no sé si te perdonaré ésta.
Me alegra ver cómo un cazurro y un asturianu de la Pola se entienden y disfrutan de buenos momentos. Ambos merecéis nuestro reconocimiento y ocupáis un lugar destacado en el baúl de la memoria. Ambos sois, i parecéis, buenos chavales. Se os ve satisfechos y felices, lo realmente importante. Pero el resquemor de la cesta está ahí, que lo sepas.
Pa mí siempre fue Juan y así seguirá, cuando se pone meloso lo llamo Juanín con connotaciones sesuales.
Abrazos para ambas familias y por extensión a los que pierden el tiempo leyendo estás "tontás".

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