He estado en infinidad de iglesias, pero aquí noto algo especial, hay algo más, algo que te llena» Francisco García Ortega Prior de Las Caldas
«Es una pena que pueda perderse la devoción que tiene la gente del entorno a la Virgen del Besaya» Fernando Serrano Pérez Dominico de Las Caldas
20/09/2026 a las 02:00h.
En el año del Señor de 1604, el Concejo de Barros pidió a los dominicos de Santillana del Mar que se hicieran cargo de la ermita de la Virgen de Las Caldas con el objeto de promover su devoción y atender adecuadamente el culto. La petición fue ratificada por el arzobispado de Burgos el 8 de abril de 1606. Era entonces una modesta capilla a la que se adosaba una residencia para tres o cuatro personas en condiciones muy precarias, completado todo ello con una pequeña hospedería para albergar peregrinos y transeúntes. El centro de todo el edificio era ya la imagen del siglo XIII o XIV que aún hoy se venera en Las Caldas, y su devoción el motor que permitió la construcción del actual monasterio en 1712, Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento desde marzo de 2002. 422 años más tarde, los dominicos entregarán las llaves del santuario al Obispado.
La despedida se producirá tras una última santa misa que se oficiará hoy a las 12.30 horas. Una noticia que ha causado un hondo pesar en los habitantes de toda la cuenca del Besaya. En el orden religioso por albergar ese Santuario la patrona de la comarca y en el social por lo que supone dejar a la divina providencia ese monumental conjunto arquitectónico.
En la residencia del santuario ya solo quedan dos dominicos. El prior, padre Francisco García Ortega, campurriano de 74 años que llegó hace siete desde Granada, y el padre Fernando Serrano Pérez, de 84, procedente del barrio Covadonga hace seis años. Con la despedida en mente, Francisco reconoce que cada día, cuando pasa por la antigua portería de hierro, la vista se le va a las palabras que la presiden, ‘Casa de la Virgen’. «Durante siglos hemos sido los que hemos cuidado de Ella, siendo conscientes, al mismo tiempo, de que es Ella la que estaba cuidando de nosotros». Ha estado en infinidad de iglesia, santuarios, conventos, «pero aquí –explicaba estos días– siento una alegría profunda, notas algo especial. Aquí hay algo más, algo que te llena».
Fernando Serrano Pérez no siente tanto «apego» por su estrecha relación con su destino en el barrio Covadonga, pero sí lamenta «que pueda perderse la devoción que tiene la gente de este entorno a la Virgen de las Caldas» y el final de una etapa histórica «que será más que difícil que tenga continuidad». Más cuando las vocaciones no abundan. Pero sonríe para reconocer también que Las Caldas «nos ha marcado a cuantos hemos pasado por aquí, así que es despedirse de un lugar común, cercano». Francisco remata ahondando en esa idea: «Cuando estaba fuera de aquí, el rememorar el himno de la Virgen de las Caldas me conmovía profundamente».
Ambos sabían que al santuario le quedaba poco. Ha sido algo así como una cuenta atrás desde que ha ido perdiendo efectivos uno a uno. A los dos les habían comunicado que no habría relevo y que con ellos terminaba la historia centenaria de los dominicos en el valle.
A partir de hoy el templo seguirá abriéndose al culto con los sacerdotes que designe el Obispado, si eso es posible. Incluso no descartan que las llaves se las entreguen en mano al propio Arturo Ros Murgadas tras la última misa, a las 12.30 horas. Lo de la residencia es aún más complicado. Los dos coinciden en que las posibilidades de futuro son tantas como difícil será encontrarle un destino al egregio conjunto arquitectónico. Un lugar ideal para «un retiro espiritual», apunta Francisco.
Hacia Oviedo y Andalucía.
Los dos saben ya por experiencia lo que es cerrar un centro así, y los dos lo lamentan. Por el cariz espiritual que tiene un templo que alberga a la patrona del Besaya y por lo que significa para la orden ir perdiendo presencia en toda la geografía nacional. «Siento mucha tristeza por lo que tiene abandonar el templo de Nuestra Señora del Besaya y una residencia que albergó las históricas aulas de Filosofía, por donde han pasado prácticamente todos los dominicos de la provincia de España», asegura el padre Francisco. De hecho, los dos iniciaron su periplo dominico en esas aulas de Filosofía de Las Caldas. Y los dos son viajeros impenitentes. Uno, Francisco, estuvo más de 20 años en Puerto Rico, y el otro, Fernando, en la República Dominicana. Eso, además de los distintos destinos nacionales.
Ahora vuelven a moverse, y a los dos también les une el querer nuevos destinos con más actividad. Francisco irá a Oviedo y Fernando ha solicitado Andalucía. «Han sido siete años muy tranquilos, un destino muy distinto de los anteriores, apartado, si lo comparo con Granada». Fernando no puede evitar reconocer que «no he tenido mucho trabajo pastoral teniendo en cuenta que yo venía de una experiencia muy distinta, con mucha actividad en la parroquia del barrio Covadonga».
Poco a poco han ido haciendo el petate. «Estamos acostumbrados. Hay que aceptar la mudanza, cargar con cajas, con libros, con recuerdos, que son los que más pesan». Lo cierto es que también ha sido una cuenta atrás, aunque mucho más lenta, cuando se habla de los devotos de Las Caldas.
Feligreses les han ido llegando en este tiempo especialmente del cercano balneario de aguas termales del pueblo, de Los Corrales, de San Felices y de Torrelavega, unos 300 a la semana, calculan. Significativo es el número de enlaces matrimoniales, sobre todo cuando en las últimas décadas han pasado de 12 al mes a 12 al año «si hay suerte».
https://www.eldiariomontanes.es/region/besaya/dominicos-despiden-caldas-20260920074400-nt.html

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