martes, 10 de enero de 2023

FALECEN LOS COMPAÑEROS DÍAZ HUERTA Y CANO DÍEZ

José Manuel G. Valdés nos facilita esta información.


Me siento obligado a dar la noticia de otros dos luctuosos sucesos que, por cercanía en el espacio y en el tiempo, quizás nos causen un mayor impacto. 

No fueron famosos pero sí dos compañeros magníficos. Uno,en su vida civil, se dedicó a la música, se trata de MIGUEL ÁNGEL DÍAZ HUERTA, de la promoción del 58 fallecido el 25 de octubre del 22; el otro, dedicado a la enseñanza, es JOSÉ LUIS CANO DIEZ, de la promocionona, la del 59. 

Seguramente merecían cada uno de ellos un portillo, no sé la razón por la que no lo tienen como lo han tenido y espero que tengan otros. 

Descansen ambos en paz. 



Un abrazo para sus familias.


domingo, 8 de enero de 2023

Muere a los 88 años Juan García ‘Mondeño’, una figura del toreo que vistió el hábito de los dominicos

(EL PAIS) Juan García Mondeño (Puerto Real, Cádiz, 1934), una figura del toreo de la década de los 60 que se convirtió en un fenómeno mediático al colgar el traje de luces durante un año para vestir el hábito de la orden de los dominicos, ha fallecido este jueves, un día antes de cumplir 89 años en la localidad sevillana de Sanlúcar la Mayor, donde vivía desde hace tiempo.

.
.




Fue un diestro valiente que destacó por su toreo vertical, hierático y solemne, que en el ruedo desprendía un aire místico y taciturno; se codeó con los grandes de su época y alcanzó el reconocimiento de figura tras una exitosa trayectoria que comenzó cuando ya había cumplido los 22 años, salpicada de muchas y graves cornadas y cimentada en una dedicación basada en la búsqueda de un medio de vida más que en una inclinación natural.

No en balde Mondeño había nacido en el seno de una familia muy humilde que vivía en una choza entre Puerto Real y Medina Sidonia; pisó la escuela cuando ya había cumplido los 13 años, y la de torero fue una salida profesional para huir de la miseria familiar, a pesar de que declaró alguna vez que su deseo era haber sido misionero, vocación a la que se opuso de forma tajante una abuela anticlerical.

Debutó en los ruedos como sobresaliente de un rejoneador, animado por un banderillero gaditano, sus inicios como novillero fueron en la plaza de El Puerto, en junio de 1956; protagonizó una exitosa carrera en el escalafón inferior, de modo que consiguió salir a hombros por la Puerta del Príncipe, y también sufrió serios contratiempos, como una cogida en la localidad extremeña de Zafra, en 1957, que le afectó al nervio ciático y le obligó a torear varios festejos con una aparatosa prótesis ortopédica.Tuvo una alternativa de lujo en la plaza de La Maestranza, el 29 de marzo de 1959, con Antonio Ordóñez como padrino, y Manolo Vázquez de testigo, y la confirmó un año después con el mismo cartel de compañeros.

Cuando gozaba de las mieles del éxito sorprendió a todos con una decisión tan inesperada como singular: en 1964 anunció que se retiraba de los ruedos para ingresar como novicio en la orden de los dominicos. La toma de hábitos, a la que acudió vestido de corto, se convirtió en un auténtico acontecimiento nacional aireado por el No-Do, el noticiero cinematográfico de la época. La vocación religiosa de Mondeño fue efímera, y decidió volver a los ruedos a los dos años de cambiar el traje de luces por el sayal blanco de la orden de Santo Domingo.

Reapareció en Marbella, el 3 de abril de 1966, junto a Paco Camino y Manuel Benítez, el Cordobés. Llegaba su postrera etapa en los ruedos, sin abdicar de su condición de figura del toreo, antes de despedirse definitivamente en la temporada de 1969, desvinculándose por completo del mundo de los toros.

Mondeño fijó su residencia en París, que alternó con largas estancias en su casa de Sanlúcar la Mayor, alejado del mundo taurino y entregado a otras aficiones como su pasión por los coches singulares y su conocida condición de gourmet. Fue pionero de muchas cosas, tuvo una apoderada, Lola Casado, hija del célebre Fatigón, en unos tiempos en los que el mundillo taurino estaba vedado a la mujer, y participó en una película, La becerrada, junto a Fernando Fernán Gómez, dirigida por José María Forqué.

viernes, 30 de diciembre de 2022

El olvido está lleno de memoria (Por Marcelino Iglesias)


 

Un encargo me hace el Furriel en Jefe sobre recuerdos de aquellas navidades tristes, pero a dónde acudir, memoria, si  estás poblada de olvido. Sin embargo,  parafraseando un memorable título de Mario Benedetti: El olvido está lleno de memoria. Y aunque hayamos ya recordado tantas vivencias en común y, en consecuencia, las que siguen es posible que ya hayan aparecido en el relato de quienes vienen participando en la tarea del rescate colectivo, me atrevo, aun así, a plasmarlas desde mi punto de vista. 
… 

Habla memoria, habla. Silencio. Apenas voces apagadas, voces en la niebla; siluetas apenas. Habla memoria, insisto.

 

Sensaciones diluidas, lejanas, apenas filamentos deshilachados. Y de pronto, por arte de ensoñación, cierro los ojos y veo. Este es uno de mis deportes favoritos, en el que con el paso de los días, del primer curso ya, me siento un experto: me anego en sus cálidas bocanadas de morriña: viajar a la tierra añorada, espacio ensoñado. Y sí, ahí, en ese territorio sin tierra, soy libre a pesar de los límites vallados del colegio.

Recuerdo ahora cuánto me gustaba, cuando íbamos de paseo a Quintana, a Fresno o a cualquiera de los otros destinos habituales, ya de regreso al atardecer, perder la mirada en las montañas que descuellan, al final de la meseta, allá al fondo. Tan lejos y sin embargo tan cerca. Y mi imaginación las sobrevuela y en viaje aéreo, a voluntad, me trasladaba al otro lado de la cordillera.

…

Habla memoria, habla

 

Y vuelves al espacio de cuando entonces.

No, hoy ya no hay clase: es el primer día de las vacaciones de Navidad. La mañana es fría, la niebla espesa. Llevamos ya unas cuantas horas del solsticio de invierno: la noche es total aunque sean ya las ocho de la mañana. 

Nos acabamos de despertar con música y así será mientras dure el periodo navideño: villancicos que nos acompañarán hasta el día de Reyes. Hoy  no hemos dado la vuelta a la finca, hemos hecho aquellos elementales ejercicios de gimnasia en la recreación según orden y  ritmo que marca el P. Cura. 

Hace frío, mucho frío. Según el parte meteorológico que nuestro compañero Leonardo del Olmo ha oído en su radio galena, se prevé nieve cuando esta misma noche entre una  borrasca por el noroeste. Y comparto la inquietud y el deseo de que tal fenómeno acontezca: fascinación por la nieve.


Habla memoria, habla.


Saltan, a capricho, danzarinas, las fechas, el año (Navidades, sí: pero ¿1963?, ¿1964?) en que cayó una nevada de época en torno a la Nochebuena, una nevada que se prolongó, con intermitencia, durante tres o cuatro días. Vinieron después otras tantas jornadas de heladas, con temperaturas que rondaron entre diez y doce grados bajo cero. Y después, con una considerable capa de nieve congelada, volvió a nevar en fecha próxima a Reyes. Nieve abundante y esponjosa sobre nieve helada. Y de nuevo las heladas, de tal modo que la capa blanca cubrió el paisaje hasta los primeros días de febrero, protegida del deshielo por la niebla persistente, intensa, que se prolongó (creo no andar muy descaminado)  hasta los primeros días de febrero. Y, en consecuencia, durante bastantes fechas no hubo competición en los distintos deportes rotatorios que constituían la liga. 


Habla memoria, habla.


Pero por fin salió el sol, disipó las nieblas, subieron las temperaturas y, en pocos días, se derritió buena parte de  la nieve. Y llegado aquí el recuerdo se impregna de desagrado: desde la infancia, nada hay que me entristezca más que la nieve enfangada, que la nieve derritiéndose: la trolla que decimos en asturiano.


Habla memoria, habla. 


Y entonces  se filtra el recuerdo de los tremendos y dolorosos sabañones. Por la noche, cuando a fuerza de cobijarse bajo las mantas y conseguir entrar en calor, el tormento de los picores se hacía insoportable. 

Y mientras evoco tan molesto y doloroso recuerdo, acude a esta cita  la lectura de un poema de la inmensa poeta asturiana Olvido García Valdés:

 

ELLA dice: mi hija

Tiene sabañones, casi

no puede calzarse.

Pero antes era peor,

yo me acuerdo

de llevar una mano vendada

todo el invierno.

 

Y yo recuerdo a tantos de nosotros, con las puntas de las orejas y los dedos de manos y pies  con ampollas, enrojecidos, abultados y en algunos casos,  llagados.

… 

Habla memoria, habla.

Marcelino Iglesias




ENTRADA MÁS RECIENTE

FOTOGRAFÍA DEL P. JESÚS

De la colección del P. Jesús Martín, con apostólicos ante el estanque de la Portería de entrada al Colegio.

LAS CINCO ENTRADAS MÁS POPULARES EN LOS ÚLTIMOS 30 DÍAS