martes, 16 de junio de 2026

LLÁMALE CURRO ( Por Pedro G. Trapiello)

DIARIO DE LEÓN 13 JUNIO 20026 - CORNADA DE LOBO


Si uno se llama Francisco de Paula Coello de Portugal y Acuña Goicorrotea y Gómez de La Torre naciendo en un cortijo solariego de Jaén, pero prefiere que le llamen Curro, no estamos ante alguien de vulgar abolengo señoritingo, sino ante uno que horizontaliza su altura o su grandeza poniendo pie en tierra y la vista en el más acá que, en su caso, lo convierte en un más allá. Si además es un joven alto, atractivo y arquitecto (de esos que a las casaderas, nada más verlos, les entra un suspiro por los bajos para hacerse un nido en los altos), pero renuncia a su carrera, a su novia de cuatro años, a sus fiestas y se hace fraile, entonces estamos ante un loco. Es el caso. Un loco con genio creador que doma su locura convirtiéndola en luz, forma y pasión.




Estamos en el centenario de su naciminto. Murió hace trece, pero no hay modo de impedir que cada uno de los muros que levantó siga gritando ¡Curro!, ¡fray Coello de Portugal!, como lo harán algunos siglos porque fue arquitecto de monumentalidad resistente y singular. Trescientos proyectos firmó en su carrera sin dejar de ser fraile. Y el privilegio que le cabe a León es ser aquí donde inició su innumerable rastro de modernidad en monasterios, templos, colegios y hasta la mismísima catedral de Taipei, Taiwan, obra presente en tantos países. Siendo novicio en Palencia y aparcada su carrera, su maestro le obligó a retomar el lápiz y, ante lo confundido que andaba el arquitecto al que la orden había encargado el colegio apostólico de La Virgen del Camino, lo acabó retomando él y solucionándolo con alarde, funcionalidad y un aire a lo Fisac, arquitecto de vanguardia influyente entonces. Resuelto el reto, Pablo Díez, el mecenas de esta obra, se empeñó en que fuera él quien proyectara el nuevo santuario que implicaba derribar el viejo... y ahí está esa genialidad rompedora y atrevida que deja asombrado a cualquiera, insensato vanguardismo que hizo entrar en León la modernidad que nos situó en la envidia ajena. Así que oblíguese León a un ¡gracias, fray Coello!, ¡gracias, Curro!, porque si no merecíamos en el XIII una Catedral, quizá tampoco este santuario en el XX.

3 comentarios:

Ramón Hernández Martín dijo...

Habida una clara conciencia sobre la personaldad de Curro y bien discernida la trascendencia de su obra, me reitero a todos los efectos en mi anterior comparación con Gaudí y me sumo al "oblíguese León" de P.G. Trapiello al gritar, yo también, el deber de tantos de dar las gracias a este buen hombre y sumiso fraile por la forma en que contribuyó a enriquecer nuestras vidas y a elevar nuestras miradas. Gracias, Curro, santo que ya figuras en los altares de la arquitectura y esperemos confiadamente que algún día lo hagas, mejor pronto que tarde, en los del culto católico.

Luis Heredia dijo...

Al hilo del
Acertado comentario, como siempre, de Pedro y volviendo a recordar el fastuoso evento de la reciente visita papal, no me quedo con las ganas de comentarlo y lo suelto.
Se dice que todas las comparaciones son odiosas y no quiero caer en la trampa de decantarme por uno u otro trabajo arquitectónico.
No se trata de comparar a Caravaggio con Picasso, por poner un ejemplo. El arte, en cualquiera de sus disciplinas, o la música, por poner otros ejemplos, se ve y se siente según el color del cristal con que se mire. Sobre todo aquellos que nos consideramos profanos en algunas materias o muy limitados de criterios ò conocimientos a académicos para un mínimo análisis de comprensión de lo que ves, lees o escuchas. (To be continued en el comentario a continuación porque no me permite escribir más)

Luis Heredia dijo...

Pero esa falta la suplimos por una cualidad biológica innata: Emoción y sentimiento. La emoción es repentina y puntual, inmediata. Lo mismo te puede emocionar un gol del Sporting frente al Oviedo (dicho sea con todos los respetos a los carbayones) como haber ganado al tute en la recreación a la mejor pareja formada por Bañugues y Martín. Son escasos segundos lo que dura una emoción y el
paso del tiempo lo acaba borrando y simplemente se convierte en un recuerdo. La emoción es efímera por muy intensa que sea.
Sin embargo el sentimiento es duradero, se prolonga a los largo de los años y aquello que hayas visto, oído o leído y lo hayas sentido te queda grabado para siempre.
¿Y a cuento de qué hago esta reflexión?
Pues porque en mi opinión la visita papal tuvo alguna connotación más que religiosa, propagandística. Y no me refiero a propaganda política que en alguna medida también la hubo.
Es evidente que no me refiero a la visita al muelle de Arguinerín para mostrar al mundo la realidad de las miserias de la raza humana, el sinsentido de la diferencia entre dos mundos, el rico y el pobre desde el que se viene, la vida o la muerte.
Me refiero a que se puso más ènfasis en “mostrar” al mundo la grandeza de una obra arquitectónica que Cataluña necesitaba para hacerse notar urbi er orbi por motivos políticos y propagandísticos mientras que León ya gozaba desde hace siglos de una joya arquitectónica que no necesitaba presentación, pulcra y majestuosa, como es su Catedral.
Pues, honestamente, y en este caso no me ciega la pasión por sentirme leonés por adopción, me atrae mucho más vuestra Pulchra Leonina que la Sagrada Familia.
La Sagrada Familia le veo fastuosa pero como un reto de magnificencia que se propuso el autor para superar lo ya construido desde hacía siglos.
Y, sinceramente, ni vi antes ni veo ahora por mucha cruz que hayan colocado en la picota una Iglesia o Catedral algo que me atraiga o me deslumbre. La veo como un pastel del Día del Bollu. Retorcida, rebuscada, con mucho simbolismo al que me resultaría imposible acceder. Todo lo contrario a lo que creó nuestro curro. Serenidad, luz, sencillez y recogimiento. Todo lo que se necesita para meditar, pensar y gozar de unos momentos y espacios libres de emociones sin obstáculos, sin columnas que pretenciosamente quieran alcanzar el cielo.
Nuestra Cruz con su sencillo campanil y coronada por la estrella colorá provoca sentimientos y no emociones. Es lo que os quería decir al principio de este comentario.
La Sagrada Familia me provoca emociones efímeras por su “majestuosidad”mientras que nuestro Santuario me provoca sentimientos que tengo enraizados para toda mi vida. A nuestro Santuario le siento con vida propia. Lo siento mío.
Por cierto, en uno de los noticieros en TV 1 sobre la Sagrada Familia durante la visita papal, el presentador o la presentadora aludieron también al gran trabajo de las vidrieras creadas por Gaudí y en ese momento, un comentarista o crítico de arte la/le corrigió al instante y le/la espetó: - No, no, las vidrieras no fueron obra de Gaudí, fueron obra de Subirachs.
No estoy seguro en este momento si el comentarista o crítico se refería a las vidrieras o alguna otra aportación pero me sirvió para volver a hacer aflorar mis sentimientos sobre el Santuario y de paso, el Colegio.
Pedro, ¿no te quedaría mejor titular tu columna como “TARAGAÑU DE LOBO” en vez de Cornada de Lobo?
FIN, POR FIN

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