Colocación de la primera piedra del nuevo Santuario de la Virgen del Camino.
Fotyografía del archivo de los PP Dominicos de León.
Imagen del 3 de Julio de 1955. De manera inmediata se iniciaron las obras de desmonte del santuario antiguo.
4 comentarios:
Ramón Hernández Martín
dijo...
Lo recuerdo perfectamente. En Corias estábamos ya terminando el primer curso de la Escuela Mayor -el tercero de los cinco que allí hacíamos- y esperando las vacaciones de agosto para volver a nuestras casas tras casi un año de ausencia. La noticia corrió como si los cielos se hubieran abierto para bendecir y consagrar a la familia dominicana vía México. ¡Qué alegría e ilusión! Pronto, dos años después, el curso siguiente al nuestro estrenaría la nueva escuela apostólica en León, mientras nosotros, que éramos "ciento y la madre" (con los que venían de Vergara, 82 en concreto), iríamos al viejo noviciado de Palencia o estrenaríamos el recién creado en Caleruega (el destino de cada cual se fijó por la primera letra del primer apellido de cada uno: las primeras, a Palencia; las últimas, a Caleruega). Bencditos tiempos que, afotunadamente, solo nos dejan en la memoria las enormes y benditas ilusiones de sentirnos realmente los legítimos "salvadores del mundo". Bien, muy bien, están estos recuerdos, querido José María, para aportar lluvia y sol a la planta que ahora somos y que sabe (privilegio de nuestra racionalidad) que se enfrenta ya a las últimas cosechas. ¡Primera piedra de un santuriano que a estas alturas de nuestra vida todavía seguimos construyendo, el santuario de nuestra propia vida y el de este blog, que sigue vivo, aunque languideciente!
Malvárez, me acuerdo muy bien de tu hermano Luis, efectivamente de mi curso, desde que, en 1952, ambos y muchísimos más (creo que éramos más de ochenta) llegamos a Corias para hacer primero. Algo no me coincide con la fecha que dices de la muerte de tu madre y de la asistencia de tu hermano con hábito dominicano, pues, si él acudió desde Palencia, vestido de dominico, la muerte de tu madre tuvo que ocurrir bien en los últimos meses de 1957 o en los primeros de 1958. El curso 56-57 fue el último que hicimos en Corias, último nuestro, de los de mi curso, y último de la Escuela Apostólica.
Amigo Malvárez, tal vez sea de tu interés saber que mi mujer, Chiti, y yo mantuvimos una entrañable amistad con tu hermano mayor, Miguel Benito, y su mujer Ofelia. Primero fue la amistad entre Chiti y Ofelia, fraguada en los tiempos en que Chiti fue estudiante en Oviedo, pues compartía piso con otras estudiantes justo en frente del piso donde vivían ellos. Luego, se sumó la mía con Miguel Benito, hombre tan formal, serio y de iglesia, que se vio facilitada o potenciada por el hecho de que yo había estudiado con su hermano Luis. Esa amistad se extendió en aquellos años también a toda su numerosa prole, todos ellos ya maduros y profesionales. ¡Lástima que el tiempo y las circunstancias no nos hayan permitido seguir con la de estos una vez desaparecidos sus padres!
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Lo recuerdo perfectamente. En Corias estábamos ya terminando el primer curso de la Escuela Mayor -el tercero de los cinco que allí hacíamos- y esperando las vacaciones de agosto para volver a nuestras casas tras casi un año de ausencia. La noticia corrió como si los cielos se hubieran abierto para bendecir y consagrar a la familia dominicana vía México. ¡Qué alegría e ilusión! Pronto, dos años después, el curso siguiente al nuestro estrenaría la nueva escuela apostólica en León, mientras nosotros, que éramos "ciento y la madre" (con los que venían de Vergara, 82 en concreto), iríamos al viejo noviciado de Palencia o estrenaríamos el recién creado en Caleruega (el destino de cada cual se fijó por la primera letra del primer apellido de cada uno: las primeras, a Palencia; las últimas, a Caleruega). Bencditos tiempos que, afotunadamente, solo nos dejan en la memoria las enormes y benditas ilusiones de sentirnos realmente los legítimos "salvadores del mundo". Bien, muy bien, están estos recuerdos, querido José María, para aportar lluvia y sol a la planta que ahora somos y que sabe (privilegio de nuestra racionalidad) que se enfrenta ya a las últimas cosechas. ¡Primera piedra de un santuriano que a estas alturas de nuestra vida todavía seguimos construyendo, el santuario de nuestra propia vida y el de este blog, que sigue vivo, aunque languideciente!
Por ahí andaría también mi hermano Luis, porque, si mal no recuerdo en 1956, vino al entierro de mi madre desde Palencia con el hábito dominicano.
Malvárez, me acuerdo muy bien de tu hermano Luis, efectivamente de mi curso, desde que, en 1952, ambos y muchísimos más (creo que éramos más de ochenta) llegamos a Corias para hacer primero. Algo no me coincide con la fecha que dices de la muerte de tu madre y de la asistencia de tu hermano con hábito dominicano, pues, si él acudió desde Palencia, vestido de dominico, la muerte de tu madre tuvo que ocurrir bien en los últimos meses de 1957 o en los primeros de 1958. El curso 56-57 fue el último que hicimos en Corias, último nuestro, de los de mi curso, y último de la Escuela Apostólica.
Amigo Malvárez, tal vez sea de tu interés saber que mi mujer, Chiti, y yo mantuvimos una entrañable amistad con tu hermano mayor, Miguel Benito, y su mujer Ofelia. Primero fue la amistad entre Chiti y Ofelia, fraguada en los tiempos en que Chiti fue estudiante en Oviedo, pues compartía piso con otras estudiantes justo en frente del piso donde vivían ellos. Luego, se sumó la mía con Miguel Benito, hombre tan formal, serio y de iglesia, que se vio facilitada o potenciada por el hecho de que yo había estudiado con su hermano Luis. Esa amistad se extendió en aquellos años también a toda su numerosa prole, todos ellos ya maduros y profesionales. ¡Lástima que el tiempo y las circunstancias no nos hayan permitido seguir con la de estos una vez desaparecidos sus padres!
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