miércoles, 15 de abril de 2026

MI HIJO ALBERTO BRACERO del SAN JUANÍN

 Por primera vez en su vida, Alberto ha pujado el paso de San Juan en la procesión de los Pasos del pasado Viernes Santo. 

Toma el relevo tras mis 40 años de bracero.

¿Os podéis imaginar el orgullo que, Alberto y "su padre", sintieron en esa mañana?



Papones de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, fundada en 1611 por los Padres Dominicos en el desaparecido real convento de Santo Domingo el Real, ubicado en la Plaza que ha conservado hasta hoy el nombre de Santo Domingo.




2 comentarios:

MANOLO DÍAZ dijo...

Hay lazos que no necesitan de la sangre para ser sagrados. Para quien vive la realidad del síndrome de Down en su hogar, cada avance, cada paso y cada mirada de una persona con esta condición se siente como un eco de la propia familia. Mi hija Marta, con su Down profundo, me ha otorgado una visión del mundo donde las fronteras de la paternidad se expanden: por ella, todos los chicos y chicas con síndrome de Down son, de alguna manera, hijos míos.
Esta Semana Santa, en las calles de León, esa conexión cobró un sentido especial. Ver a Alberto participar como bracero en la procesión no fue solo presenciar un acto de fe o de tradición; fue asistir a una manifestación de dignidad y superación.
Al verlo allí, bajo el peso de los pasos y al ritmo de la música, sentí un orgullo que me desbordaba el pecho. No era solo alegría por Alberto; era la emoción de ver a mi propia hija representada en su esfuerzo. Alberto no caminaba solo por las calles leonesas:
Llevaba consigo la visibilidad de un colectivo que reclama su espacio.
Representaba la fuerza silenciosa de quienes, como Marta, enfrentan el mundo con una pureza distinta.
Simbolizaba la esperanza de que el lugar de nuestros hijos está allí donde ellos quieran estar: en el centro de nuestra cultura y de nuestra sociedad.
En el esfuerzo de Alberto estaba el espíritu de Marta. En su paso firme por León, mi hija también procesionó. Fue un recordatorio de que, aunque sus capacidades sean distintas, su presencia es un regalo que nos enseña a valorar lo esencial. Gracias, Alberto, por hacernos brillar a todos.

Ramón Hernández Martín dijo...

¡Qué alegría y hermosura verte, amigo Alberto, tan joven, tan bien plantado y tan vigoroso ejerciendo un menester tan piadoso y sagrado! Sin duda, un pequeño hito que marca y deja huella para no extraviar el camino y perderse en el "duro bregar de la vida" (Unamuno dixit). Frente al dicho popular, sabio pero no tanto, cabe argumentar que "de ilusión también se vive". ¿Que sería de nosotros sin ilusiones? Esta, me parece, es muy grande para ti y nosotros, los muchos que te valoramos como es debido y te queremos con el corazón abierto y latiente, será una ilusión realmente "ilusionante" que te ilusionará cuando, en la carrera del bregar aludida, te toque meter la primera o incluso, llegado el caso, la marcha atrás. De haber estado presente, seguro que me habría lanzado a una saeta espontánea como las que, con tanto gozo y emoción, se dedican al Cristo sacrificado o a su Madre dolorosa, solo que en tu caso, habría ponderado tu juventud, tu vigor, tu serenidad y tu bondad.

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