El post anterior está hecho a las 7:10 a.m. del 11 de marzo de 2026. Por algún motivo que desconozco el blog me hace parecer trasnochador, con lo madrugador que soy...
Lo que a mí me gustaría, amigo Malvarez, es tener la vista que tú tienes para ver ese fraile, ¿No estarás dejàndote llevar por la imaginación? Si es así piensa que podría ser el P. E. Calzón. Cuando la foto yo estaba "jarto" de chocolate con tropezones, los famosos "cachalotes". Abrazos a tutti.
Todo nuevo, todo inicial, todo a estrenar. Hasta se divisa en ese campo de trilla, mejor que el hábito de marras de la portería del lince Malvárez, el germen de este mismo blog, que hoy renquea pero al que, a juzgar por lo que precede, le queda todavía por delante alguna prometedora y fructífera primavera. Yo caí por allí mucho después cuando, en las postrimerías del verano del año 70, pude pasar allí como unos quince días en los benditos tiempos de Iribertegui, con el que pude charlar largo y tendido. Luego vendrían los no menos benditos, aunque distintos, de varios encuentros "cursarios" de fin de semana , y el último, el abrazo casi a hurtadillas con una buena representación de este grupo hace ya un par de veranos. ¡Qué bonito es recordar para revivir y tomar impulso para nuevos saltos, nuevos progresos hasta que el cuerpo aguante! Gracias, Josemari, por esta entrada y por la anterior, de carrerilla hacia atrás para tomar impulso y saltar más lejos.
Aplicando el programa de reconocimiento de hábitos descubrí que se trata de algo vestido de blanco, puede que sea persona o cosa y, aplicando dotes deductivas puede afirmarse que pudiera ser un fraile o no, incluso dominico. Vaya Vd. a saber. De todos modos el que colgó la foto bien pudiera sacarnos de este tremendo mar de dudas metódicas cartesianas. Se admiten interpretaciones. Abrazos ocultos.
En este hermoso día de primavera naciente, feliz día para todos los padres, los bióticos, los virtuales y los espirituales, caminen por la tierra o vuelen ya por los cielos, además de un cariñoso abrazo pora todos los José, los simples y los compuestos. Vamos, casi, casi, para todos los del grupo, comenzando por nuestro querido Furriel y terminando por el "metódico catesiano" que me precede.
Me hubiese gustado que hoy apareciese en el blog un nuevo portillo. La fecha lo merece. Quizás por eso resulte anacrónico el comentario que cuelgo seguidamente. Lo hago anticipando vuestro cariño y vuestra comprensión. Con mi cariño podéis contar siempre. Hoy, 21 de marzo, celebramos dos realidades que, a primera vista, pueden parecer distintas, pero que en el fondo comparten una misma raíz: la belleza de la vida y la dignidad de cada persona. Es el Día Mundial del Síndrome de Down y también el Día de la Poesía. Y quizá no haya mejor manera de unir ambas celebraciones que desde el testimonio, el cariño y la mirada agradecida.
Hablar del síndrome de Down no es solo referirse a una condición genética. Es hablar de personas concretas, con nombre, historia y presencia viva en nuestras familias y comunidades. Es hablar de una hija, de 52 años, cuya vida ha estado marcada por una profundidad especial: la de una existencia que, más allá de las limitaciones, ha sabido regalar amor sin medida. Una hija profundamente Down, sí, pero sobre todo profundamente humana.
Quienes conviven con personas con síndrome de Down saben que su manera de estar en el mundo tiene algo de poético. Hay en ellos una autenticidad que desarma, una forma directa de expresar el afecto, una capacidad de alegría que no depende de lo superficial. Nos enseñan —sin pretenderlo— a mirar de otra manera, a detenernos, a valorar lo esencial. En un mundo tantas veces apresurado y exigente, su presencia es casi un verso que rompe el ritmo para recordarnos lo importante.
El amor con el que se cuida a una hija así no nace de la obligación, sino del vínculo. Es un amor cotidiano, hecho de pequeños gestos, de paciencia, de entrega silenciosa. Un amor que no busca reconocimiento, pero que transforma profundamente a quien lo vive. Y en ese amor, también hay aprendizaje: se aprende a aceptar, a acompañar, a celebrar cada logro, por pequeño que sea.
Junto a ella, aparecen otros nombres, como Alberto, y con ellos, otras historias que amplían el círculo del afecto. Cada persona con síndrome de Down es única, irrepetible, y sin embargo todas comparten esa capacidad de generar comunidad, de despertar ternura, de recordarnos que el valor de una vida no se mide por su productividad, sino por su capacidad de amar y ser amada.
Quizá por eso hoy, en este día compartido con la poesía, conviene detenerse y reconocer que hay vidas que son, en sí mismas, poesía. No por ser perfectas, sino por ser verdaderas. No por seguir un patrón, sino por abrir caminos distintos. La vida de una persona con síndrome de Down, vivida en el seno de una familia que la quiere y la cuida, es un poema escrito día a día con gestos de entrega, con miradas cómplices y con una fidelidad que no entiende de condiciones.
Desde una comunidad como la de los antiguos alumnos dominicos, donde tantos hemos sido formados en valores como la dignidad humana, la compasión y la justicia, este día nos invita también a reafirmar nuestro compromiso con una sociedad más inclusiva. Una sociedad donde cada persona tenga su lugar, donde la diferencia no sea motivo de exclusión, sino de enriquecimiento.
Hoy celebramos, sí. Celebramos la vida de quienes tienen síndrome de Down. Celebramos a quienes los cuidan y los aman. Celebramos la capacidad humana de encontrar sentido en la entrega. Y celebramos, también, que la poesía no está solo en los libros, sino en las vidas que, como la de una hija profundamente querida, convierten lo cotidiano en algo extraordinario.
Porque, al final, hay existencias que no necesitan ser explicadas: basta con ser contempladas. Y agradecidas.
Amigo Manolo, aunque no he sido bendecido por ninguna de esas dos gracias, ello no me impide valorarlas como es debido y "celebrar" la conjuncion que haces de ambas al entender que las dos son puro amor activo y pasivo. Suscribo emocionado cuanto dices con tanto sentimiento y belleza y me sumo a la celebración de tu familia y a la de nuestro querido Furriel, así como también a la de tantos poetas como afortunadamente pueblan este grupo. Quizá la poesía sea el "down" de la vida porque desciende hasta el fondo de la misma, hasta el amor, y quizá el síndrome de down sea todo él una hermosa poesía para quienes lo viven sabiendo "leerlo", es decir, incorporarlo al torrente de humanidad que circula por sus venas. ¡Qué sana envidia ver cómo en algunas familias abunda la poesía y el amor! Desde mi distancia, o mejor diferencia, valoro tanta riqueza humana, la celebro, me regocijo en ella y por ella doy gracias al cielo. Y gracias también a tí, amigo Manolo, por aflorar tanta hondura y tanto sentimiento humano en un día tan hermoso como el que hoy disfrutamos en Asturias.
13 comentarios:
Gracias Josemari. Qué gran foto, para mí inedita totalmente.
Nos da muchísima información , toda una joya etnográfica.
Abrazos para todos.
Me salió como anónimo pero soy Amador
¡Ya llovió!
¡Qué pena no poder ver quién es el fraile cuyo hábito se ve delante de la portería!
¿No os pica la curiosidad?
El post anterior está hecho a las 7:10 a.m. del 11 de marzo de 2026.
Por algún motivo que desconozco el blog me hace parecer trasnochador, con lo madrugador que soy...
Lo que a mí me gustaría, amigo Malvarez, es tener la vista que tú tienes para ver ese fraile, ¿No estarás dejàndote llevar por la imaginación? Si es así piensa que podría ser el P. E. Calzón.
Cuando la foto yo estaba "jarto" de chocolate con tropezones, los famosos "cachalotes".
Abrazos a tutti.
Todo nuevo, todo inicial, todo a estrenar. Hasta se divisa en ese campo de trilla, mejor que el hábito de marras de la portería del lince Malvárez, el germen de este mismo blog, que hoy renquea pero al que, a juzgar por lo que precede, le queda todavía por delante alguna prometedora y fructífera primavera. Yo caí por allí mucho después cuando, en las postrimerías del verano del año 70, pude pasar allí como unos quince días en los benditos tiempos de Iribertegui, con el que pude charlar largo y tendido. Luego vendrían los no menos benditos, aunque distintos, de varios encuentros "cursarios" de fin de semana , y el último, el abrazo casi a hurtadillas con una buena representación de este grupo hace ya un par de veranos. ¡Qué bonito es recordar para revivir y tomar impulso para nuevos saltos, nuevos progresos hasta que el cuerpo aguante! Gracias, Josemari, por esta entrada y por la anterior, de carrerilla hacia atrás para tomar impulso y saltar más lejos.
¡Imposible! No consigo ver: ni fraile, ni hábito blanco, ni portería, ni capo de futbol. Son los años que no perdonan.
Saludos a todos.
Aplicando el programa de reconocimiento de hábitos descubrí que se trata de algo vestido de blanco, puede que sea persona o cosa y, aplicando dotes deductivas puede afirmarse que pudiera ser un fraile o no, incluso dominico.
Vaya Vd. a saber. De todos modos el que colgó la foto bien pudiera sacarnos de este tremendo mar de dudas metódicas cartesianas.
Se admiten interpretaciones.
Abrazos ocultos.
En este hermoso día de primavera naciente, feliz día para todos los padres, los bióticos, los virtuales y los espirituales, caminen por la tierra o vuelen ya por los cielos, además de un cariñoso abrazo pora todos los José, los simples y los compuestos. Vamos, casi, casi, para todos los del grupo, comenzando por nuestro querido Furriel y terminando por el "metódico catesiano" que me precede.
Me hubiese gustado que hoy apareciese en el blog un nuevo portillo.
La fecha lo merece.
Quizás por eso resulte anacrónico el comentario que cuelgo seguidamente.
Lo hago anticipando vuestro cariño y vuestra comprensión.
Con mi cariño podéis contar siempre.
Hoy, 21 de marzo, celebramos dos realidades que, a primera vista, pueden parecer distintas, pero que en el fondo comparten una misma raíz: la belleza de la vida y la dignidad de cada persona. Es el Día Mundial del Síndrome de Down y también el Día de la Poesía. Y quizá no haya mejor manera de unir ambas celebraciones que desde el testimonio, el cariño y la mirada agradecida.
Hablar del síndrome de Down no es solo referirse a una condición genética. Es hablar de personas concretas, con nombre, historia y presencia viva en nuestras familias y comunidades. Es hablar de una hija, de 52 años, cuya vida ha estado marcada por una profundidad especial: la de una existencia que, más allá de las limitaciones, ha sabido regalar amor sin medida. Una hija profundamente Down, sí, pero sobre todo profundamente humana.
Quienes conviven con personas con síndrome de Down saben que su manera de estar en el mundo tiene algo de poético. Hay en ellos una autenticidad que desarma, una forma directa de expresar el afecto, una capacidad de alegría que no depende de lo superficial. Nos enseñan —sin pretenderlo— a mirar de otra manera, a detenernos, a valorar lo esencial. En un mundo tantas veces apresurado y exigente, su presencia es casi un verso que rompe el ritmo para recordarnos lo importante.
El amor con el que se cuida a una hija así no nace de la obligación, sino del vínculo. Es un amor cotidiano, hecho de pequeños gestos, de paciencia, de entrega silenciosa. Un amor que no busca reconocimiento, pero que transforma profundamente a quien lo vive. Y en ese amor, también hay aprendizaje: se aprende a aceptar, a acompañar, a celebrar cada logro, por pequeño que sea.
Junto a ella, aparecen otros nombres, como Alberto, y con ellos, otras historias que amplían el círculo del afecto. Cada persona con síndrome de Down es única, irrepetible, y sin embargo todas comparten esa capacidad de generar comunidad, de despertar ternura, de recordarnos que el valor de una vida no se mide por su productividad, sino por su capacidad de amar y ser amada.
Quizá por eso hoy, en este día compartido con la poesía, conviene detenerse y reconocer que hay vidas que son, en sí mismas, poesía. No por ser perfectas, sino por ser verdaderas. No por seguir un patrón, sino por abrir caminos distintos. La vida de una persona con síndrome de Down, vivida en el seno de una familia que la quiere y la cuida, es un poema escrito día a día con gestos de entrega, con miradas cómplices y con una fidelidad que no entiende de condiciones.
Desde una comunidad como la de los antiguos alumnos dominicos, donde tantos hemos sido formados en valores como la dignidad humana, la compasión y la justicia, este día nos invita también a reafirmar nuestro compromiso con una sociedad más inclusiva. Una sociedad donde cada persona tenga su lugar, donde la diferencia no sea motivo de exclusión, sino de enriquecimiento.
Hoy celebramos, sí. Celebramos la vida de quienes tienen síndrome de Down. Celebramos a quienes los cuidan y los aman. Celebramos la capacidad humana de encontrar sentido en la entrega. Y celebramos, también, que la poesía no está solo en los libros, sino en las vidas que, como la de una hija profundamente querida, convierten lo cotidiano en algo extraordinario.
Porque, al final, hay existencias que no necesitan ser explicadas: basta con ser contempladas. Y agradecidas.
Amigo Manolo, aunque no he sido bendecido por ninguna de esas dos gracias, ello no me impide valorarlas como es debido y "celebrar" la conjuncion que haces de ambas al entender que las dos son puro amor activo y pasivo. Suscribo emocionado cuanto dices con tanto sentimiento y belleza y me sumo a la celebración de tu familia y a la de nuestro querido Furriel, así como también a la de tantos poetas como afortunadamente pueblan este grupo. Quizá la poesía sea el "down" de la vida porque desciende hasta el fondo de la misma, hasta el amor, y quizá el síndrome de down sea todo él una hermosa poesía para quienes lo viven sabiendo "leerlo", es decir, incorporarlo al torrente de humanidad que circula por sus venas. ¡Qué sana envidia ver cómo en algunas familias abunda la poesía y el amor! Desde mi distancia, o mejor diferencia, valoro tanta riqueza humana, la celebro, me regocijo en ella y por ella doy gracias al cielo. Y gracias también a tí, amigo Manolo, por aflorar tanta hondura y tanto sentimiento humano en un día tan hermoso como el que hoy disfrutamos en Asturias.
Amigo Juan, me quito el sombrero, excelente intervención. Difícil expresar tan bien tantos sentimientos. Un abrazo.
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