ENLACES DE LA CABECERA
viernes, 24 de mayo de 2024
DE ESCOLANÍAS (Por Lalo F. Mayo)
miércoles, 22 de mayo de 2024
FALLECE EL P.ADRE JESÚS MARTÍN
Lamento informaros, hoy me he enterado, del fallecimiento el pasado día 10 del muy querido Padre Jesús Martín.
Descanse en paz con mi mejor recuerdo.
lunes, 13 de mayo de 2024
FOTO DE LUIS CARRIZO Y RODRIGO (Por José Ignacio Serrano Mallada)
martes, 7 de mayo de 2024
EL VIENTO QUE CORRE MUEVE LA VELETA, PERO NO LA TORRE. (Por Luis Carrizo)
EL VIENTO QUE CORRE MUEVE LA VELETA, PERO NO LA TORRE.
Mirando las fotografías… Bueno, precisemos, mirando no: examinando con agridulce delectación las fotografías de nuestro reciente reencuentro en la Virgen del Camino, que Alberto acaba de colgar en el blog, me he encontrado con la de esta familiar y espléndida obra de Subirachs camuflada entre las que aparecen bajo el epígrafe “Comida”.
En la página 300 –no perdamos el hilo– vuelve a aparecer otra fotografía de esta misma escultura, acompañada aquí de un tampoco demasiado extenso, pero muy sustancioso comentario de Isidro Cicero, quien, ¡vaya por Dios!, no cayó en el osado símil del Real Madrid, aunque, en compensación, descubre, y nos insta a descubrir con él, entre las cubistas sinuosidades de los hierros subirachianos, la figura de una sirena y la de un tótem, a Rafael arcángel y a su pez, y hasta unos pechos de mujer.
Extremo, este último, que no nos sorprende en absoluto, pues parece lógico que los cántabros, que proveyeron de amas de cría a media España, descubran tetas por doquier. Hasta en los montes de Liérganes ven tetas.
El azar ha querido que la que aparece en blanco y negro en la página 300, la que presidía las algarabías de nuestros recreos, se diría que está mirando al Este; mientras que la de la fotografía del pasado seis de abril, la del reencuentro de aquellos niños, ahora jubilados, parece apuntar hacia el Oeste. Las veletas, es bien sabido, son inconstantes y pueden cambiar su orientación según el viento que sople, un poco como nuestros mal fundamentados deseos. A veces, si el viento sopla de levante, miran hacia el lugar por donde sale el sol, anunciador del nuevo día; y, a veces, cuando sopla la sofocante ponientada, señalan el lugar por donde fatalmente declina, circunstancia siempre propicia a graves y profundas consideraciones.
Hace apenas unos días, el octogenario y flamante Premio Cervantes, Luis Mateo Díez, nos dejó en los periódicos sus particulares graves y profundas, y desoladoras, consideraciones acerca de su personal declinación. Se expresaba literalmente así, el desengañado y, por lo que se ve, sorprendido novelista: “A mis 80 años, me he percatado de que la vejez es una gran estafa. Ni la experiencia ni la sabiduría se ensanchan”. Y en otro lugar (se conoce que es un asunto que tiene muy pensado) aún remachaba el clavo: “No hay mayor decepción que la vejez, pero hay que llegar para darse cuenta”.
A mí, que acabo de participar en una muy senecta, pero también cordial, alegre, inteligente, enriquecedora y hasta diría que ilusionante asamblea, me ha decepcionado y entristecido, a partes iguales, descubrir que mi ilustre paisano esté sumido en tan negras cavilaciones en fechas mucho más propicias, pienso yo, para el luminoso regocijo. Pero lo que más me apesadumbra es que esa terrible decepción la considere absolutamente irremediable, desde el momento en que, según confiesa, ya no le queda nada que aprender, que es lo mismo que decir que ya no le queda nada en que mejorar. A nosotros, en el colegio, jamás nos dijeron que aquel sabio consejo del perfice te ipsum tuviera fecha de caducidad.
Si nos descuidamos, nos forman, venimos diciendo entre bromas y veras, en frase acuñada ya como un proverbio en este blog. Pero muchos, visto lo visto, desearían haber sufrido esa medio formación que tan bien nos ha venido para mantener el rumbo a pesar de las galernas que han azotado nuestros navíos, pues se nos dieron las coordenadas del puerto de llegada. “Ningún viento es favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige”, tradujimos de Lucio Anneo Séneca con el padre Morán. También podríamos decir, dándole la vuelta al argumento, que cualquier viento es bueno sabiendo a dónde vamos.
Estas raíces profundas y comunes, esta común y serena visión de la vida y de la muerte, que allí nos imbuyeron, la he experimentado y compartido yo con todos los que recientemente nos congregamos en la Virgen del Camino, y deseo dejar gozosa constancia de ello. Y añadir, por terminar, que por encima de tantas y tan diferentes singladuras, de tan variadas peripecias vitales y de tan distintos intereses y opiniones, he palpado ese inconfundible aire de familia que me ha hecho sentirme como en casa. Entre compañeros, entre hermanos.
***
Yo no me atrevo a dirigirme así, sin más ni más, a un Académico de la Española, sobre todo si viene con el título de Premio Cervantes, entre otros muchos, pero si yo pudiera dirigirme al Excmo. Sr. D. Luis Mateo Díez con la misma confianza con que mi amigo Manolón se dirige a mí, le diría algo muy parecido a esto: “Luisín, abandona ese tono lastimero, que vas a espantar a tus nietos. No remates tu ejemplar currículum vitae con el triste epitafio de que la vejez es una gran estafa. El general De Gaulle, confirmando la quijotesca afirmación de que la lanza nunca embotó la pluma, ni la pluma la lanza, lo dijo de forma más literaria y menos quejicosa: La vieillesse c’est un naufrage. Te propongo, admirado Luis, asistir a nuestro próximo reencuentro; yo te avisaré. Conocerás a Pitu, a Devesa, a Oscarín, a Baldo, a Manolón, a Cicero, a del Vigo…, disfrutarás de su conversación, y seguramente descubrirás que todavía hay muchas cosas de las que maravillarse o sorprenderse. Deja ya las novelas, que sé de buena tinta que acaban enturbiando el juicio. Aún hay sol en las bardas. Sube al puerto de Leitariegos y empápate de luz. Y busca setas, o Wólfram (qué sé que aún queda mucho en esos montes), si ves que no te llega con el premio. Y, por si te suenan estas palabras, que sí te sonarán: ‘Ensanche vuesa merced (perdón, Excelentísimo Señor) ese corazoncillo, que lo debe de tener agora no mayor que una avellana, y considere que se suele decir que buen corazón quebranta mala ventura.’
De la vejez, admirado paisano, vuélvenos a hablar cuando tengas ya el pie en el estribo. Y que sea dentro de muchos años. Ahora creo sinceramente que te faltan datos.”
Alicante, 29 de abril de 2024
Luis Carrizo
Alicante, 29 de abril de 2024
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nota del furriel.- Este es el comentario que Isidro Cicero hace a la fotografía 765 del libro "El álbum de las fotos" (pagina 300).
765. Entrecierra ligeramente los ojos, fíjalos en el punto donde cabeza y cola del pez se unen y verás un tótem. Verás la cabeza de un ser humano, de un genio pacífico, vigilando y sonriendo. Ahora ábrelos completamente y fíjate en cada uno de los elementos por separado. Puedes ver un pez, efectivamente; puedes ver una cara, recortándose, que efectivamente podría ser la de un ángel, aunque sin alas. De ser un ángel, podría ser Rafael, el único ángel de la Biblia al que pintan los pintores y tallan los imagineros acompañado de un pez. En ese caso la cara sería de un arcángel católico, porque ya sabes que ni la sinagoga ni los hermanos separados reconocen como canónico el libro de Tobías, donde aparece la bella historia de Rafael acompañando a un joven inexperto por Mesopotamia. Pero también nos han invitado a ver en estos hierros de Subirachs una sirena cubista en mitad de la paramera. Con su rostro de mujer, sus pechos, su cuerpo de pez y su enorme aleta desproporcionada. isidro CiCEro
sábado, 4 de mayo de 2024
NUEVAS FOTOGRAFÍAS 6 DE ABRIL 2024
El fotógrafo del Ayuntamiento de la Virgen del Camino nos ha entregado las fotografías que hizo el día del reencuentro del pasado día 6 de Abril.
Las encontraréis en una carpeta que he llamado FOTÓGRAFO DEL AYUNTAMIENTO pulsando en la parte superior de la portada del blog .
viernes, 3 de mayo de 2024
EL FURRIEL Y EL CALDERO (Por Lalo F. MaYO)
El Furriel y el caldero
El pasado día 6 de abril sopesé llevar mi intervención a lo que ahora voy a contar, pero consideré importante poder mostrar la página de Asterix en la que iba a basar mi exordio, y en aquella sala era imposible presentárosla a todos.
Así que lo que quise decir entonces allí, lo cuento ahora aquí.
Lo que más me admira de nuestro querido Furriel en relación con este blog, motivo del homenaje, es su insistencia en buscar —y encontrar— un par de temas a la semana para alimentar nuestros recuerdos de aquellos años. Al principio, claro, era más fácil. Todos teníamos los cajones llenos de fotos en gris cuarteadas, rayadas, rotas, escondidas. Y todas fueron saliendo. Salieron mil y todas están en El álbum de las fotos. Pero el paso del tiempo y los millones de palabras que se fueron escribiendo hacían cada vez más difícil abrir una ventana nueva ahí arriba, debajo de la cabecera de esos antiguosalumnasdominicos. Y han sido, por ahora, 17 años seguidos haciéndolo. Ese es el gran valor que le reconozco. A él, a nuestro Josemari, esa cifra le sonará a condena: 17 años y un día; 17 años y dos días; 17 años y 3 días... y así ventana tras ventana, tema tras tema.
Mi profesión en el periódico me llevó en numerosas ocasiones a tener que encargarme de esas publicaciones que acompañan embuchadas al diario, generalmente cargadas de publicidad —al menos tiempo atrás— y con los temas más peregrinos. EL más numeroso, las fiestas de los pueblos. Aquí era fácil: entrevista al alcalde, a la reina de las fiestas, a un par de empresarios, al capitán del equipo local de fútbol, de baloncesto, de hockey..., al director de la orquesta municipal y, si quedaba todavía una página que llenar, al señor ese que pasaba por allí. Pero había otros suplementos que eran un infierno. Un buen día los del departamento de Publicidad te decían que habían conseguido que las empresas de lavanderías se gastasen unos duros en publicar un suplemento y los de Redacción teníamos que encontrar una docena de temas de interés (¡de interés!) sobre ese apasionante mercado. Y si no eran las lavanderías, eran los fabricantes de puertas y ventanas; o los instaladores de túneles de lavado de coches, los de de mueblerías, los de escuelas de baile para niños... ¡Miles!, eran miles, y todos, temas apasionantes, estaban en las páginas amarillas.
Cuando el redactor jefe me preguntaba si tenía algo para decir en el suplemento de turno yo siempre le respondía con una frase que resume el trabajo en la Redacción de un periódico: «No tengo nade que decir; tengo más bien un caldero que llenar». Esa frase la encontré durante mi apasionada inmersión en el mundo del cómic, al que me empujó —como nos empujaron a tantas otras cosas hermosas aquellos frailes— el pMiranda, recién llegado de Salamanca para ser subdirector de la Escuela Mayor, donde los pequeñines del 64 ya éramos los mayorones del colegio, algo a lo que terminabas llegando: solo había que saber esperar y que en el consejo, tu nombre no estuviera vinculado a un haba negra.
El pMiranda, que llegó a La Virgen, tengo entendido, castigado tras un proceso de rebelión con algunos compañeros del último curso de Teología y con la primera misa recién cantada, nos prestó a algunos colegiales responsables, entre los que consideró que yo me encontraba, así como Álvarez Ilzarbe, que entonces practicaba dibujo y que ahora da vida a la madera.
Era el año 1970 y no sé cuántos Asterix se habían publicado ya, pero el pMiranda tenía todos los que habían salido. Aquel no era un tebeo como los de la infancia; aquellos eran libros enteros encuadernados en tapa dura que contaban una historia, siempre con los mismos personajes. Después de Asterix ya no pude parar y cuando mi poder adquisitivo hacía años que dependía de mi sueldo, llegué a tener una extensísima colección de todo tipo de cómics (que es como se pasaron a llamar los tebeos de toda la vida) que no hace muchos años regalé casi íntegra al compañero que me sustituyó en las reseñas de este tipo de arte (el noveno, dicen) en el suplemento de literatura de mi periódico. Eran sesenta y tres cajas de esas hechas para media docena de botellas de vino, repletas con las colecciones de “1984”, “Zona 84”, “Cimoc”, “Comix”, “El Vívora”, “Totem”, “Blue Jeans”, “Bésame mucho” —de aquella uno era un progre— e innumerables títulos de los mejores álbumes de grandes dibujantes.
Pero esta es otra historia sobre la que hacía años que no había vuelto y que si no la paro ahora mismo, sabe Dios dónde me llevará. Donde no quiero, así que sigo con el Furriel, lo que debiera haber dicho aquel días 6 de abril pasado y “Asterix y el caldero”.
La historia de Astérix y el caldero: el jefe de una aldea vecina entrega al jefe de la de los irreductibles galos un caldero lleno de sextercios de oro para que se lo guarde, tarea que queda encomendada, claro está, a Asterix y Obelix. Pero ese caldero desaparece y para mantener el honor de la aldea, los dos héroes parten en busca de sestercios con que llenar el caldero para devolvérselo íntegro a su dueño. Y en la mitad del álbum, vemos a Asterix y a Obélix arrastrando por Roma el dichoso caldero, todavía vacío. Y en esa página, en su mitad inferior, es donde Uderzo y Goscinny, los creadores de estos héroes del cómic, insertaron en un comentario que además es anónimo —no se sabe si viene del bajito o del gordo— el auténtico espíritu del trabajo en un gran diario de provincias (grande también por el elevado número de páginas que publicaba cada día). Así era el diálogo :
AUTOR TEATRAL NOVÍSIMO: Aportaréis algo nuevo, espontáneo. Lo esencial, es tener algo que decir.
UNO DE LOS GALOS: Más que nada, lo que yo tengo es un caldero que llenar.
En ese simple diálogo, rodeado de ingenio, se condensa el duro trabajo del periodista, al margen de los grandes temas que se encargaban de llenar las secciones de actualidad: Un caldero que llenar.
Y aquí es donde quería yo llegar antes de salirme de este jardín que se me llena de senderos que se bifurcan (Borges dixit) y que me llevan al infinito y más allá.
Así, con un caldero que llenar, se ha debido encontrar nuestro Furriel querido durante los últimos 17 años: “¿Y ahora, qué meto yo aquí para que esta gente me mantenga abierta esta ventana? Pues ese es, creo yo, su gran valor, y el que nadie, de los que glosaron las merecidas alabanzas del día 6, expresó por el micrófono. Yo tampoco, me acuso, me disculpo y le pido perdón. Ese es el motivo de mi escrito veinte días después. Buscar un tema, encontrarlo, prepararlo, colgarlo y seguir pensando en el siguiente. Y eso durante 17 años; sin un jefe que te atosigue, sin una necesidad ni alimenticia ni laboral que te obligue, sin obligación siquiera y solo por la responsabilidad adquirida voluntariamente con todos los que, al otro lado, esperábamos que nos llegara la entrada nuestra de cada día. Un dato: a 10 de marzo de 2021, más o menos cuando cambiamos del blog viejo al blog nuevo, José María Cortés, nuestro Furriel con estrellas de seis puntas, nos había despertado ya con 3.468 (TRES MIL CUATROCIENTAS SESENTA Y OCHO) entradas que generaron... ya no sé cuántas páginas de textos apretados, aunque en su día las conté. Recuerdo que con las palabras que generaron las respuestas a esos miles de entradas se podían haber escrito media docena de Quijotes, con su primera y segunda parte.
Termino. Es para mí un honor tener tan cercano a un amigo que no ha fallado ni un solo día ante la responsabilidad —voluntaria, que no se olvide— de llenar un caldero inacabable para que unos cientos de compañeros que lo éramos hace sesenta años seamos alimentados con una entrañable dosis de recuerdos. Yo nunca sabré agradecértelo bastante, pero sirvan estos párrafos para, al menos, intentarlo.
Salud a todos.
Lalo F. Mayo, (cosecha del 64)
P/D. Me he extendido tanto que ahora me da pereza volver al principio a corregir, así que, como se decía al final de las obras que representábamos en aquel escenario “que se llevó la trampa” , ruego a la audiencia que perdone lo perdonable y que se olvide de aquello que no merezca el perdón.
miércoles, 1 de mayo de 2024
CRONICA DEL RECUERDO PERDIDO Y HALLADO EN EL BLOG.- TERCERA PARTE.- (Por Javier Cirauqui)
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