lunes, 18 de noviembre de 2024

Muere Seve Trapiello: paisajes desde la belleza


Muere Seve Trapiello: paisajes desde la belleza

Seve Trapiello

Seve TrapielloDL

Pacho Rodríguez
León

18.11.2024 | 10:28

Actualizado: 

No se había ido y ya le echaban de menos. Mucho más presente que la muerte. Seve Trapiello (Manzaneda de Torío, 1954) ha muerto hoy como una sutil última despedida, pincelada final anunciada de una vida generosa. Un rumor largo de lo fulgurante. Decía Seve que el lienzo en blanco era un trámite, así que en forma de página por escribir, conversación por empezar, han sido sus amigos, hermanos y familia los que los últimos días han tenido que, en su aún consciencia, contar o escribir un adiós cargado de presente. Si se dice que se escribe para que te quieran, en todos los casos ha sido escribir para quererle. Por todas las partes, en este León, se hablaba de que el pintor que hizo de los paisajes un lenguaje comprometido con la belleza, no sólo los de la provincia, ponía la firma final a la obra de arte humano que ha sido su existencia. Porque, en su caso, casi no se sabe si tirar por su oficio o por su trayectoria de hombre bueno para definir una vida. En cualquier caso, un elogio infinito llega ahora.

Seve Trapiello se hizo pintor cuando era niño, como una pulsión creativa que explicaba más desde lo autodidacta que desde la academia. Con un apellido tan literario, como ahora se sabe, a él le llegaba la inspiración a través de lo que veía, de la luz o el color y la potencia de la naturaleza. Hay mucha Sobarriba, como no podía ser menos, en su obra, mucho León y sus símbolos, pero desde una mirada libre, abierta. Y a partir de ella, otros asuntos, del sur, ese Aranjuez que pintó, incursiones y viajes pictóricos fuera de España, pero siempre manteniendo un pie en la infancia, en el origen, en la tribu Trapiello y sus alrededores. Asturias, Tierra de Campos, como una cartografía artística de Seve Trapiello, también. Qué decir de Manzaneda de Torío o su Navafría. Por eso es normal que estos días tristes los suyos encontraran el consuelo en los recuerdos y el cariño innegociable. En directo. Todo convertido en un acto de amor sin aspavientos. En esa última página de este periódico, su hermano Pedro Trapiello lo escribió y lo reescribió. Puso todos los puntos sobre las íes y ninguno, final. Pero se hablaba de su despedida en la redacción, como un aviso irremediable, y en la Céltica, o en Sharon Art, donde se le llora desde la rebelión ante lo inevitable. Por donde se pasaba, ahí estaba ahora Seve Trapiello.

1 comentario:

Ramón Hernández dijo...

Hermoso canto el tuyo, Pacho, que tanto revela sobre la humanidad del cantado y del cantor. Gracias por ahondar y sostener nuestro sentimiento de dolor por la pérdida de Seve y de gozo por el nuevo reencuentro con él a través de la maestría de su arte y, especialmente, de su propia bonhomía. Hablar bien de un hombre bueno trasluce bondad.

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